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el mediapunta llegó del betis en un trueque con job y miguel ángel el curso 1988-89

Gabino, ‘el letanías’, un genio y figura perico

Desequilibrante y descarado con tardes de salir por la puerta grande y otras para olvidar

Toni Casals
31/10/2017

 

El mediapunta sevillano llegó al Espanyol en un trueque con el Betis. Las negociaciones entre los presidentes Fernando Martorell y Martínez Retamero tuvieron como resolución el acuerdo de que Gabino Rodríguez aterrizase en Sarrià, mientras que Job y Miguel Ángel volasen al Villamarín.

El futbolista del barrio de Las Letanías vino al club con 24 años y con el cartel de desequilibrante, rápido e intuitivo. Un genio con todo lo que ello comporta. Tardes de salir por la puerta grande y otras para olvidar.

Gabino se había proclamado campeón de la Eurocopa con la selección sub 21 de la mano del seleccionador Luis Suárez, aunque luego no debutó con la absoluta. Mostraba calidad y desparpajo a partes iguales y pese a su físico liviano tenía capacidad para ridiculizar al zaguero más contundente.

En su presentación afirmó que “quiero triunfar todo lo que no he podido en el Betis” y que Gordillo le había aconsejado que viniese al Espanyol. Respecto a cierta fama de conflictivo que le acompañaba, apuntó que "no soy pesetero ni juerguista, solo intento ser feliz".

Sin embargo, el escenario al que llegó no era el más propicio. Firmó por tres años en un Espanyol que acaba de caer de forma dolorosa en la final de la UEFA.

A medida de que avanzaba la temporada 98-99, el equipo perdía fuelle y se iba hundiendo. Esta trayectoria costó la cabeza a Clemente. Le suplió Mauri, luego vino Longhi y cerró el infortunio García Andoain.

Tuvo que disputar la promoción de permanencia con el Mallorca y se cumplieron los presagios que aventuraban un año lleno de sobresaltos con el descenso.

Y fue en Segunda, donde con Joanet en el banquillo, ‘El Letanias’ mostró su versión más goleadora. Se salió en el arranque con 11 goles en 12 partidos, pero en la segunda vuelta le cogió la ‘pajara’ y en toda la segunda vuelta únicamente marcó un tanto.

El Espanyol se jugaría el ascenso en una eliminatoria a vida o muerte con el Málaga. El partido de ida se disputó en Sarrià y Gabino sí que volvió a ser decisivo, al marcar el gol de la victoria a pase del fallecido Wuttke que dio un pase retrasado al ‘Letanías’ para que libre de marca la colocase suave y colocada fuera del alcance de Jaro. No veía puerta desde hacia cuatro meses, pero volvió la inspiración en el momento en que el equipo más lo necesitaba.

Tocaba sufrir en La Rosaleda con esta renta escasa de 1-0 en un choque que no estaría Gabino, ya que acabó lesionado en los minutos finales por un golpe en su pierna derecha. Las molestias no remitieron y se quedó fuera de la convocatoria.

El jugador viajó también a Málaga para dar apoyo a sus compañeros, aunque preso de los nervios fue incapaz de ver el partido como él mismo explicaba: “He estado metido en el lavabo del vestuario todo el tiempo. Parece extraño pero he estado allí sentado hasta que ha venido el presidente a decirme que habíamos ganado. Me dio un abrazo y me volví loco”.

El Málaga había empatado y el enfrentamiento se decidió en la tanda de penaltis con 5-6 para el Espanyol.

En la siguiente temporada con Luis Aragonés en el banquillo no tuvo el protagonismo que esperaba y al final de la campaña cerró su periplo blanquiazul.

Su hijo Álvaro Rodríguez Brachi también jugó en el club blanquiazul. Procedente del Betis B, el defensa militó en el filial, logrando el ascenso a Segunda B. Brachi llegó junto con otro jugador andaluz, un tal Javi López.