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CONTRACRÓNICA

¿Y el VAR? ¿Y Jaime Latre?

Jaime Latre trabajó poco en el verde del Pizjuán, pero en Las Rozas el claro penalti sobre Sergio García les debería pillar cenando o en el servicio

Marta Mendoza Marta Mendoza
12/11/2018

 

Vergonzoso o como mínimo desquiciante lo que se vio ayer en el Sánchez Pizjuán. Y dirán, ¿qué vas a decir si estás cabreada por la derrota? Pues también, pero lo que me enojó no fue caer ante el Sevilla, algo que podía ser posible, pues no somos invencibles, sino lo que empañó un partido en el que el Espanyol luchó y dio la cara. Y esos no fueron otros que el colegiado, Jaime Latre, el famoso VAR y la afición local.
Vayamos por partes. Lo de Jaime Latre fue de juzgado de guardia, pues permitió, en sus narices, actitudes marrulleras y excesivas. Propició un juego duro por parte de los locales que poco a poco, junto con su calidad claro, fue minando la moral de los pericos. Les atizaron por todas partes, pero aquí paz y después gloria. Alguna amarilla por el que no digan y fuera. Pero ahí no acaba mi hoja de reclamaciones...
Como les decía, Jaime Latre trabajó poco en el verde del Pizjuán, pero en Las Rozas el claro penalti sobre Sergio García les debería pillar cenando o en el servicio. De lo contrario no se entiende que en la revisión no se indicara pena máxima. ¡Inexplicable! Hasta ahora, nos haya favorecido o no, creía en esta nueva tecnología, pero ayer el VAR falló en una acción muy clara y perdió parte de mi respeto. Realmente, no podía creer que esa acción no fuera penalizada. Y ya, si todo eso no era suficiente para encender a uno/a, no dejamos de escuchar a una afición sevillista ‘llorona’ que protestó acciones inverosímiles y que apretó para que su equipo no se desconectara.

Cabeza alta
Pero todo esto al margen, prefiero dedicar mis esfuerzos hablando del Espanyol. Un equipo ante el que hay que sacarse el sombrero pese a la derrota. Un cuadro perico que se vació, que dio la cara y que una vez más nos puso el corazón en un puño. Que nos hizo soñar con que dar la campanada era posible, pero al final, tras una empanada importante en defensa y fallar alguna acción clara para sentenciar, nos devolvió a la realidad. Yo estoy orgullosa, pero no negaré el cabreo. Realmente esta gente nos ha mal acostumbrado tanto que ayer solo firmaba el triunfo.

Quitando la tremenda empanada que nos costó el gol del empate y el susto de Darder, el Espanyol de Rubi no tuvo sombras en el Pizjuán, volvió a tener luz propia y nos demostró que tiene una fauna que vale un potosí. Un panda y un pulpo que valen su peso en oro. Y es que tanto uno como el otro, sin desmerecer al resto, fueron clave para mantener las esperanzas en el Sánchez Pizjuán con el gol y paradones.

El Espanyol, como siempre, primero tanteó el terreno y tuvo algún susto, pero se defendió bien de los golpes, se protegió adecuadamente y esperó para dar un derechazo certero tras algunos avisos. Siempre miró a los ojos a su rival y Borja Iglesias no faltó a su cita con el gol. ¡Qué estado de gracia tiene el delantero! ¡Cinco goles en los últimos cuatro partidos! ¡Qué locura! El último en enlazar cuatro choques seguidos fue Don Raúl Tamudo, por lo que poco más hay que añadir sobre el ‘Panda’. Y una vez más el cuadro perico se fue al descanso por delante fuera de casa. Aunque el gafe de no ‘matar’ los partidos volvió a ser una realidad, y en la reanudación, como pasó ante el Alavés, los pericos se vieron remontados de forma cruel y un tanto injusta. Pero al final el talento y, sobre todo, el mayor acierto sevillista se impusieron. Colló el cuadro de Machín y el Espanyol tuvo que sufrir. Parecía que aguantaba, pero al final el castillo de naipes se cayó y lo de ser colíderes se quedó, por ahora, en un sueño.
Me quedo con que este equipo pisa fuerte, con que pone contra las cuerdas a los ‘gallitos’ y que fuera ha dado un paso más. Este Espanyol ilusiona aunque pierda, algo que ya me parece de locos. Así que como les decía, cabeza alta y orgullosos, que la temporada promete, pero no caigamos en el error de creernos inmortales.