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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Y, de repente, una escuadra

Ni la “gracia” de los poderosos podrá reducir la nueva dimensión del Espanyol, que ha vuelto para salvarse

Oriol Vidal Oriol Vidal
19/02/2020

 

Todo fe y buscador de épica, el Espanyol de Abelardo ha alcanzado la condición de escuadra, de grupo serio. Justo en el tramo crítico de la temporada, el equipo ya presume de lo imprescindible para competir, para salvarse: colmillo atrás y zarpa delante, y bien que lo notó el Sevilla en sus carnes. Puntazo de supervivencia; aún privados de RDT y de David; aún lastrados por la concesión del primer gol y la trastada del VAR de turno. El Pitu puede sonreír porque, aunque la tabla todavía esté de culo, las sensaciones alegran la cara. Y tales señales no tienen precio, en este año de vinagre.

Dos victorias, tres empates y una sola derrota con Abelardo: en Granada, donde felizmente (lo siento, Monstruo) cayó también el Valladolid. El duelo de Pucela huele a partido cumbre, con los violetas intuyendo el precipicio y los pericos a punto de hacer volar la jaula por los aires. Un partidazo tan bestia como el de La Cerámica y que deja en segundo plano el gran reto europeo del Molineux. Una pena tremenda, pero ante los Wolves habrá que confiar en el Monito haciendo de Zorro y la segunda batería obligada a responder. De momento, vibran aún sin jugar, como vimos en la alegría desatada de Vargas y el resto del banquillo en los goles. Que esto es una piña no se discute.

Lloró la pericada la baja de Raúl de Tomás para Sevilla, pero quizás el quilate puro lo aporta ahora mismo Cabrera. Un señor jefazo, un tipo terrateniente, una bestia necesaria. Sus prestaciones hacen rugir al Espanyol, mejoran a Bernardo y corrigen al resto. Todo se sustenta a pesar del único despiste de Javi López y Wu Lei en el gol de Ocampos. Incluso en inferioridad, por el arrojo sin medida de Víctor Sánchez. La compostura blanquiazul se mantiene a la “abelarda” forma: encárnate en Alavés para poder sentirte élite. Y con semejante receta está de buen tono hasta Darder, garantía de desempeño y más con un combatiente como Embarba a su lado.

Hasta Wu Lei mojó... como harán hoy los medios y los tertulianos con el despropósito de Cordero Vega y, desde el VAR, González González con la falta que originó el gol del ex del Rayo. Que no engañen a nadie: el único perjudicado ayer sobre la hierba sevillista fue el Espanyol, en una acción de expulsión de Sergi Gómez sobre Calleri en la que el juez se encogió de hombros. Faltaría más que la coña variable del estamento y las pantallas alterasen un fallo digno de nevera y que luego ascendió a la categoría de círculo polar ártico. Pero, ¿saben qué les digo? Que ni la “gracia” de los poderosos podrá reducir la nueva dimensión del Espanyol, que ha vuelto para salvarse.

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