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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Wu da voltaje al darderismo

El voleón de Darder en el 94’ lo resucitó todo. El ánimo de un equipo. El de un proyecto. Sobretodo, al alma de una afición.

Oriol Vidal Oriol Vidal
10/02/2019

 

Estallido total en el RCDE Stadium. El voleón de Darder en el 94’ lo resucitó todo. El ánimo de un equipo. El de un proyecto. Sobretodo, al alma de una afición. Y, claro está, a Rubi. De la reanimación ‘in extremis’ en La Cerámica pasó el Espanyol al giro excelso para poder ser, por fin, sólidos. La pinchó Granero en la banda, la colgó Rosales y la empalmó Sergi, vestido de una vez de líder con un ‘hattrick’ pintoresco (un gol legal y dos anulados, ¿‘half trick’?). Un big-bang de darderismo con cierta conexión con los goles de Coro y cuya génesis residió en Mr. Lei: ¡qué wueno que viniste!

Encandiló la megaestrella china. Por arrojo, por descaro, por asumir galones tras apenas dos ratitos. Wu estuvo bullicioso, instintivo y magnético (intuye tanto la pelota, que parece que todas le vayan a él), hasta el punto que todas y cada unas de sus acciones contagiaron entusiasmo a los jugadores y a la pericada (ayer, creciente, 22.000). Con tanta omnipresencia, el peaje de desorden que también supuso su hambre de gol resultó siempre bienvenido. Y la fe de Wu generó adeptos para un triunfo, esperemos, clave. Debe el Espanyol abrazar la estabilidad y crecer como profetizaba Rubi. Y es que no se puede vivir tanto en el alambre.

Final brutal para la no-final, que Rubi jugó siempre al límite. Su 4-3-3 fue más arriesgado que nunca, como si de antemano no hubiera peligro a la espalda de Roca o de Rosales. Como si Raúl De Tomás no pudiera mojar pan entre tanta fragilidad. La verdad que es que tal duelo terminal debió resultar un disfrute para el espectador neutral, pero entre tanta urgencias el show no se apreció saludable ni para los corazones pericos ni para la confianza de la maltrecha defensa blanquiazul. Pensará Rubi que todo lo ecualizará el retorno de Hermoso y la progresiva recuperación de fuerzas y ánimos, desde luego; pero con tanta tralla delante (el ‘Chuky’ queda por destaparse, víctima del embudo de delanteros) quizá se podría ecualizar algo (hola, Alfa) el riesgo de exposición.

Lo peor, lo de Piatti y su gravísima lesión. Pese a que ahora parece que los veteranos sobran, conviene hacer la lectura al revés: con dosificación y competencia, su participación debe ser más selectiva, en efecto, pero también más determinante. Así pareció hacerlo entender Rubi con su once: ni un cromo nuevo en el álbum. Con más empaque, veremos si queda un equipo de colección.