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CONTRACRÓNICA

‘¿Volem?’ así, no

Así, por mucho que unos y otros, cada vez menos, nos empeñemos, no hay forma de tener licencia para soñar, todo lo contrario

Marta Mendoza Marta Mendoza
03/04/2019

 

Volem’ de volar está claro que no. La gran pregunta es: ¿’Volem’ de queremos? Porqué parece que tampoco. ¿Qué ‘volem’? ¿Sufrir? A este paso sí. Las cosas no cambian. Y no será por los grandes méritos que hiciera el rival, todo lo contrario. Lo siento, en muchas fases, demasiadas, no vi una firme voluntad de ganar el partido. Pero lo peor es que pese a poder hacerlo, esa opción se hizo volar por los aires deliberadamente. ‘Porca misèria’.

Ante el Getafe, en un partido que tenía un trasfondo europeo, unos por querer alcanzar esas cotas tal y como aseguró Rubi en la previa, otros por llegar a la zona Champions, vivimos un partido impropio de tales aspiraciones. Fue un duelo de imprecisiones, falta de ideas, ocasiones -la primera del Espanyol no llegó hasta el minuto 24-... Mientras que sobraron faltas, interrupciones y errores. Pero si algo faltó fue un poco más de alma, de garra, de punch. Como suele decirse, quien algo quiere, algo le cuesta. Y a este Espanyol de Rubi mucho le cuesta últimamente en general. Y así, por mucho que unos y otros, cada vez menos, nos empeñemos, no hay forma de tener licencia para soñar. Empate y gracias. Seguimos en tierra de nadie. Esto es un querer y no poder constante. Es marcar y dar un paso a tras... Es hablar de Europa y ya saben.

Borja Iglesias mandó dentro la que tuvo y nos permitió creer que se podía volver a ganar tras un mes sin hacerlo. Pero ya la celebración fue descafeinada por culpa del VAR. Demasiado suspense y un signo de que no las teníamos todas. Iba el Espanyol por delante, sí, pero sin convencer. Empezaron los cambios y aparecieron tímidos silbidos. Como también fue el principio de la debacle. El centro del campo acabó destruido. Melendo, por lesión, y Marc Roca, out. No hay más preguntas señoría. El Getafe, más allá de ir dejando ‘recados’, marcar bien su territorio y poner intensidad, no había hecho prácticamente nada más. Bregó. Le puso más ganas.

¡Menudo jarro de agua fría!
Con lo que costó abrir la lata, poco se tardó en tirarlo todo por la borda. Feo fue el partido y feo acabó siendo el resultado. Un tremendo desajuste entre los dos centrales acabó en el gol del empate. Ángel se coló por el medio y entró en el área pequeña ‘como Pedro por su casa’. 1-1. Anestesiados, incrédulos... Y vuelta a los nervios, la precipitación, a apretar los dientes y a achicar agua por todos lados. Minutos finales broncos y para cargarse de tarjetas, para hastiarse y aumentar la frustración.

Está claro que más vale un punto que nada, pero por mucho que los de Bordalás llegaran con el cartel de revelación, este partido había que ganarlo sí o sí. En casa estos envites deben acabar en fiesta, no así. Wu Lei se empeñó en que así fuera en el descuento, y Naldo lo tuvo en su cabeza, pero quién o qué puede decantar una balanza, decidió que el Espanyol no había hecho suficientes méritos para ello. La puntería y la suerte fue esquiva. Así que al final empate y dando gracias que se pudo aguantar. Aunque lo que ya no se aguanta es el discurso de poder mirar hacia arriba. Mucho tendrían que cambiar las cosas para ello. A estas alturas esto ya no hay quien lo cambie. Así que miremos de acabar dignamente y pensemos ya en lo que viene, porque de lo de este año poco o nada más hay que esperar ya.

¿Hay peor equipo este año que en el anterior? Creo que sí. Pero mi mente, por mucho que no fuera real, no deja de pensar en cómo un equipo puede pasar de lo del inicio a lo de ahora. Preocupa ver a la gente en la grada, la poca que acude, ya que ir al estadio se está convirtiendo, más que nunca, en un acto de fe solo apto para valientes, de brazos cruzados. Escuchar más reproches que ánimos, ver a los jugadores hastiados, con semblante serio, deseando que, como todos, esto acabe cuanto antes. Porque digan lo que digan, sí puede haber motivos para preocuparse. ¡Que termine ya!