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OPINIÓN DE BENITO BADRINAS

Visión a largo plazo y profesionalización

El presidente también es el responsable de una absurda política de austeridad que nos impidió reforzarnos como debíamos a principio de temporada y cuando llegaron los fichajes ya era tarde

Benito Badrinas
11/07/2020

 

Chen Yansheng se hizo con el RCD Espanyol en enero de 2016. Esta temporada ha sido la cuarta completa con Chen como máximo mandatario al frente del club blanquiazul. Cuatro temporadas con altibajos, pero que vienen a suponer un ciclo que se cierra con un sonoro fracaso. ¿Qué nos ha llevado a esta situación?

Cuando Mr. Chen aterrizó en Barcelona prometió que sanearía el club y que llevaría al primer equipo masculino a Europa. Ambas cosas las ha conseguido, aunque el descenso esta temporada a Segunda División genera dudas y alerta al espanyolismo sobre el mantenimiento de estas promesas en el tiempo. A lo largo de sus cuatro temporadas y media, Chen ha contado con tres directores generales, cuatro directores deportivos y siete entrenadores. Está claro que no hay una planificación a medio y largo plazo, algo siempre muy necesario en el fútbol y en muchas otras disciplinas.

La pasada temporada, en la que el equipo accedió a la Europa League, fue muy irregular y con crecientes tensiones que el club no consiguió cerrar de forma satisfactoria para diseñar una campaña 2019-20 con las suficientes garantías. Chen planifica y ejecuta desde Guandong, la famosa provincia de Cantón, a casi 10.000 kilómetros de Barcelona. Pero, además, lo hace sin conocer la lengua, la cultura, el fútbol europeo, la idiosincrasia del club… y sin una confianza plena en los ejecutivos del club. Una falta de confianza que atenaza a los directivos y que les dificulta desarrollar su proyecto a largo plazo. En una industria cada vez más profesionalizada como la futbolística todos estos déficits se pagan, y muy caro.

De hecho, Chen es el máximo responsable del final precipitado del proyecto de Joan Francesc Rubi y de la designación de David Gallego como técnico del primer equipo. Un grave error que no consiguieron frenar Perarnau y Rufete, principales responsables del club en esta área. El presidente también es el responsable de una absurda política de austeridad que nos impidió reforzarnos como debíamos a principio de temporada y cuando llegaron los fichajes ya era tarde.

Cualquier seguidor ve que con sólo Ferreyra en la delantera no se va a ninguna parte y que los dolores de cabeza en el lateral derecho son ya crónicos. En esta última parcela podríamos haber tenido a Roberto Rosales por unos dos millones, mientras que en la delantera el coste de Christian Stuani el pasado agosto apenas llegaba a los siete millones. El charrúa, que estuvo esperando hasta el último momento la llamada perica, es hoy en día el máximo goleador de la segunda división con 25 goles. ¡Un chollo, oigan!

Muchos grandes clubes han descendido a Segunda División -Atlético de Madrid, Sevilla, Villareal…- y poco después han vuelto a la máxima categoría con más fuerza. Aunque para ello se deben hacer las cosas muy, pero que muy bien. Largo plazo y máxima profesionalización. Esa debe ser la receta para un Espanyol con un futuro prometedor.