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CONTRACRÓNICA

‘Tranquilos hermanos, tenemos a Raúl de Tomás’

Como R.D.T., la hinchada blanquiazul ha entendido a la perfección todo lo que hay en juego y se ha convertido en el jugador número 12

Marta Mendoza Marta Mendoza
10/02/2020

 

Señoras y señores, queridos hermanas y hermanos, Dios salve a Raúl de Tomás. A San Raúl de Tomás. El hombre gol. La gran esperanza perica. El ‘killer’ que puede arreglar el desaguisado perico. El nuevo ídolo y héroe de la pericada. El que acabará siendo, pese a ser el fichaje más caro, el más barato y rentable de la historia. A gol por partido. Esa está siendo su carta de presentación. El Espanyol necesita vida, que le insuflen aire, y R.D.T. es quién, principalmente, se encarga de ello.
Admitió el viernes que quiere ser un líder y que no teme a la responsabilidad. Y ayer lo demostró. Tiene madera para ello. Quiere y puede. ¡Cómo le necesitaba este equipo! Huele la sangre, tiene el gol en la cabeza. Y nunca mejor dicho, ya que ante el Mallorca decidió, sin despeinarse, con un perfecto testarazo que hacía enloquecer un templo que presentó una gran imagen gracias a la respuesta de la hinchada. Que como R.D.T. ha entendido a la perfección todo lo que hay en juego y se ha convertido en el jugador número 12. Suerte también tiene este equipo de tener a esta afición. Que cuando peor se está y la preocupación es mayor, más entregada tiene a su gente, que es consciente de lo importante que es para que su equipo no se desconecte y siga luchando por una salvación hacia la que ayer se dio un pasito más. No lo solido y fuerte que se esperaba, pero se dio. Y al final eso es lo que cuenta. El tiempo apremia y ahora los resultados mandan. Lo de jugar bien o vistoso ayer fue lo de menos. La salvación pasa por Cornellà y se cumplió. Abelardo sigue con su particular estadio de gracia. Hay mimbres para creer hermanos.

Nueve meses después llegó el triunfo
Al borde de un ataque de nervios. Así se mostró un Espanyol que saltó a verde del templo precipitado, nervioso, ansioso. El ambiente y la trascendencia del choque evocaban a una gran final, pero el cuadro perico no jugó como tal. Inexplicablemente actuar de local, pese a que el resultado acabó siendo favorable, sigue siendo una gran losa. Van pasando entrenadores, se cambia de jugadores, pero el equipo no acaba de mejorar todo lo que cabe esperar ante su gente, aunque por suerte ante el Mallorca pusieron fin a una mala racha que ya les ha lastrado demasiado. Nueve meses llevaban sin sumar de tres ante su gente. Que lejos quedaba ya ese mes de mayo de 2019. Por fin los tres puntos se quedaron en un RCDE Stadium ansioso de celebraciones. ¡Aleluya! Aunque no fue algo placido como podía presuponerse. Hubo que sufrir hasta el último suspiro. Eso es lo que tiene no haber sentenciado antes ni haber ido con determinación a dominar un ‘goal average’ del que esperemos no tengamos que acabar acordándonos. Todo está en un puño, cualquier cosa puede pasar. Aunque este Espanyol desde la llegada del ‘Pitu’ viene demostrando que quiere y puede salir del pozo. Y en esa carrera dejar la portería a cero, algo que lograron tras 13 jornadas y por tercera vez este curso, será clave. Como también lo está siendo la irregularidad de sus rivales directos por puntuar. Eso junto a los ocho puntos de 15 desde que el gijonés cogiera el timón le están permitiendo al Espanyol no solo no quedar descolgado, sino también empezar a asomar la cabeza.

La primera parte fue un claro ejemplo de por qué el equipo está donde está. Y la alocada reacción de Diego López en la reanudación, que le costó la amarilla, la muestra más clara de la frustración y el nerviosismo imperante. Pero el Espanyol ha encontrado en R.D.T. su mejor medicina. Puso a los allí presentes el corazón en un puño cuando parecía pedir el cambio, suerte que lo necesitaba era un recambio de botas. Y con su gol cambió el guión. Sumó su quinto gol en cinco encuentros, se logró el primer triunfo en casa, con el campo siendo una olla a presión y con una entrada espectacular. Poco más que pedir. Hermanos, están en ello. Creamos. Ya lo dice la grada: “¡Sí se puede!”.