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OPINIÓN DE CRISTINA POLO

De todo se sale, pero primero te atropella

Molesta, y mucho, que siempre haya alguien que me haya mirado por encima del hombro cada vez que he dicho que soy del Espanyol

Cristina Polo
04/07/2020

 

Tal y como acabó el partido contra el Betis miré a mi hijo y se le caían las lágrimas mientras me negaba con la cabeza. No hubo palabras, solo lo abracé fuertemente contra mi pecho.
Asentí cuando su pregunta antes de ir a dormir fue si a mí me dolía. Pero continué con un “peores cosas he pasado y se sale de todo”. Lo curioso es que a la mañana siguiente se despertó feliz y yo con el corazón partido.

Puede que los años (y los daños) nos hagan ver la vida de diferente manera y gestionemos los sentimientos según lo vivido.

Me he tirado media vida luchando contra el sentimiento único e intentando potenciar a los míos que eso de una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad no iba con nosotros. Porque nadie te tiene que hacer sentir ninguneado por pensar diferente, aunque así nos lo han querido hacer ver siempre desde cualquier medio. Molesta, y mucho, que siempre haya alguien que me haya mirado por encima del hombro cada vez que he dicho que soy del Espanyol.

Y aunque la suerte la oliéramos siempre a lo lejos, cada vez que nos encontrábamos afición y jugadores entendía a la perfección eso de ‘la fuerza de un sentimiento’. Para mí siempre fue la comunión perfecta.
Pero llega el día en que, después de cientos de despropósitos, nos encontramos en el peor escenario posible. Y empiezas a darle vueltas si vale la pena sufrir por esto. Y sales a la calle intentando pensar en cualquier cosa menos en eso. Te sientas en una terraza a tomarte un tinto de verano, llega una pelota a tus pies y un niño de unos seis años vestido con una camiseta blanquiazul te pide que se la devuelvas. Y le sonríes.

Y al día siguiente, de camino al trabajo, te paras en un semáforo y el coche de delante tiene unas pegatinas periquitas de diferentes medidas que adornan toda la parte trasera de su coche. Y sonríes.
En ese momento es cuando te paras a pensar si es casualidad o causalidad. Así que doy gracias a lo que sea por estas señales que me llegan.

Hemos caído, pero nos volveremos a levantar. Y respetaré a los que, por dolor, decidan bajarse de este barco. Hace unos días yo tenía pie y medio fuera hasta que le devolví la pelota a un niño.