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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Terror en Eibar (8ª parte)

Mr. Chen ha jugado con fuego y ahora tiene a un técnico seductor al borde del KO y a un equipo que parecía despegar, hoy errante

Oriol Vidal Oriol Vidal
23/01/2019

 

Rubi tocó fondo y el Espanyol se asoma al pozo. Incomprensible ridículo en Ipurua, donde todos las profecías de lo más agoreros se cumplieron sin remisión: equipo apocado y sin respuesta (pese a ser el de más “perfil trinchera” posible), jugadores señalados saludando al personal (horrendo Javi López, con amarilla Víctor a las primeras de cambio, fallón Leo) y un resultado demoledor: de aquellos que hace saltar todo por los aires. Resultó todo tan doloroso como increíble, con la inyección de autoestima que debía haber supuesto la Copa. Luces de emergencia, que esto se pone crudo.

Rotó el Panda y rotó Darder y diría yo que Rubi lo hizo desde su lógica tan optimista: ve capacidad de asalto a la Copa (“cinco partidos”, ese mantra) y, en una semana de tres partidos, prefería reservar la tralla para frenar en casa al Madrid. Sin embargo, el plan B del Espanyol, con lesionados a manta (y sumen ahora Naldo) es de vuelo gallináceo. Porque luego, asalta otra duda: ¿hubiera sido menor el fiasco con Borja y Sergi de inicio, viendo el percal? Podemos temer que no, como que igual hubiera sido que Baptistao, de una maldita vez, acertara. La avería es seria.

Reprimir cualquier escenario de pánico ya cuesta. Ocho derrotas de nueve no tienen defensa. Este Espanyol pudo superar sus límites un tramo de curso, pero ahora debe luchar para rebotarse ante la realidad. Y todo porque a Rubi lo han dejado sin los refuerzos necesarios en verano y se los han regateado de nuevo en invierno, a la espera de poder ahorrar todo lo posible. Mr. Chen ha jugado con fuego y ahora tiene a un técnico seductor al borde del KO y a un equipo que parecía despegar, hoy errante: otra vez. Es deprimente, pero igual es lo que merece un proyecto de mínimos.

Habrá que ver el efecto Copa, quizá de nuevo estímulo como lo fueron el curso pasado los partidos ante los grandes. Pero las lesiones de David (imprescindible, digan lo que digan), Pedrosa (el aire para Dídac) y Sergio y Hernán (al menos, la intención arriba) arrojan a un Espanyol fatigado, maniatado y con cada vez más dudas. Un trago muy duro de digerir. Pero cosas más inverosímiles se han visto en este club. En la Liga, sí, alarmas y urgencias. Pero falta un montón y hay tiempo para mentalizarse para la batalla y recuperar a la tropa expulsada del templo. La combustión tendría que ser arriba.