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OPINIÓN DE ORIOL VIDAL

Teclas y ‘tackles’

Gallego está tan solo que no tiene siquiera quien lo ratifique. Y así, entre egos, créditos y penultimátums, se desvanece el Espanyol de la ilusión

Oriol Vidal Oriol Vidal
24/09/2019

 

Se impuso la inercia. No la que quería Gallego, la de la reacción del segundo tiempo ante un Ferencvaros fundido, no. Aquí todo ya lo arrastra la marea de la dejadez de funciones, de la no intervención. Jugadores sin jerarquía y cargos sin voz y a merced de un presidente que no sé yo si pasaría bochorno viendo ante la Real otro primer acto deprimente, pero que debería rabiar ante la inanición de sus supuestos currantes. Gallego está tan solo que no tiene siquiera quien lo ratifique. Y así, entre egos, créditos y penultimátums, se desvanece el Espanyol de la ilusión.

Paciencia, la de Chen, infinita. La tuvo con Quique, con Rubi y hasta con Galca. Y por eso no se podía tolerar el permanecer impasibles ante cualquier grieta de confianza entre técnico y plantilla. Ahora, hasta el Celta y el Valladolid: dale. Pero imaginemos (esto es fútbol) que el Espanyol puntúa en Balaídos. ¿Van a seguir algunos de culo con Gallego, pero conviviendo hasta que la cosa vuelva a degenerar? ¿Van a transmitir ese ‘feeling’ a la plantilla, como hasta la fecha? Si creen que Gallego no vale, no expongan más al club a la tormenta y al sufrimiento: expongan sus puestos si hace falta y fuercen las cosas al presidente, que es lo que corresponde a un cargo ejercido con dignidad.

En fin, regresamos al Espanyol del “¿hay alguien?”. Volvemos a un club que inhibe sus protocolos de emergencia y que no considera importante suavizar la tensión del pueblo. Lo sumas todo, más el desaguisado de la banda derecha y el superávit del mercato veraniego (bon profit!) y te sale más o menos el bizarro comunicado de Rubi en su despedida de reproches (que, a este paso, va a quedar comedida). Porque en un proyecto serio van todos a una, se viaja con suficientes alforjas y se procura aprovechar los momentos que te pueden dar un hipersalto de calidad. Pero, una vez más, no parece que vaya a ser el caso, como es tradición histórica en el RCDE. Y es que los proyectos de mínimos están condenados al alambre.

No exculpo con esto al entrenador. Si a Gallego le responden apenas el capitán Víctor Sánchez y los últimos en llegar, el Monito y Calleri, será también por algo. Pero comprendo que, ante su soledad, Gallego haya exagerado sus empecinamientos (“yo contra el mundo”), a pesar de que ayer ya se mostró tocadete. En fin: la crisis es profunda. Resulta demasiado fácil confundir la desorientación del equipo con el pasotismo. Y así estamos: sin encontrar la tecla y en una maraña de ‘tackles’ en los pasillos del club. Todo casi tan intrigante como adivinar en qué minuto caerá el gol del rival. Mr. Chen, que alguien le ilumine.

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