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CONTRACRÓNICA

Tanta historia para nada. Ya ni por vergüenza torera

Ya lo dijo David López tras el encuentro, “este club merece mucho más”. Algo que la gran mayoría no deben haber entendido

Marta Mendoza Marta Mendoza
06/07/2020

 

Cuando se te acaba el tiempo, las ideas y te flaquean las fuerzas. Cuando lo único que te queda es echar el resto y tratar de ganar por vergüenza torera, por decencia y porque la afición no merece seguir siendo torturada de esta forma. Pero entonces va este Espanyol y todavía mete más la pata y enciende los ánimos. No hay manera. D’on no n’hi ha, no en raja. Lo repito una jornada más: ¡Que se termine ya esta tortura! Algo que, por lo visto sobre el terreno de juego, a buen seguro suscriben los propios futbolistas. Solo había que ver el semblante serio de un R.D.T. que negaba con la cabeza o un Darder que no hacía más que mirar hacia el suelo. Lo que se había visto en los primeros 45 minutos fue deplorable. El problema es que lo de los 45 siguientes, todavía iba a ser peor para los pericos. Que, lamentablemente, parecen empeñados en ser el peor equipo de la categoría, y a este paso de toda la historia del Espanyol. Las sensaciones no pueden ser peores. Esta pesadilla parece no tener fin. Y no hace falta recordar que el próximo encuentro es en el Camp Nou... Donde solo vale ganar para no certificar ya lo inevitable. ¡Suerte que ahora no hay público en los campos! Estos jugadores se están ahorrando grandes dosis de bochornos y decibelios de pitidos. Que bien pensado, quizás no les irían nada mal.

Opositando a ser el peor
El final de todo esto ya es archiconocido, y en pleno proceso de mascarlo para engullirlo se encuentra la pericada. Pero algún brote verde, alguna alegría, un triunfito, a modo de vaso de agua para hacerlo bajar un poco mejor, no iría nada mal. Pero no. El de ayer fue un partido infame, digno de siesta tardía. Eso es lo que nos regalaron dos equipos excesivamente prudentes. Que asumieron pocos riesgos y que nos dejaron eso, un juego lento y soporífero.

Pero la diferencia, como siempre, es que el rival de los pericos siempre quieren más y pueden. El Lega, fiel a lo mostrado desde la llegada de ‘El Vasco’, no se resignó a lo que estaba aconteciendo y vio puerta. Ganó. De forma estéril, de acuerdo, pero cumplieron con su cometido. Algo que los locales, ni por asomo, llegaron a rozar. Los espanyolistas dieron por hecho que ya no podían cambiar su destino. Justo lo que, han alegado, acabó condenando a Abelardo. Rufete aterrizó en el banquillo para evitar que se bajaran los brazos y buscar el mejor final posible, pero este encuentro habló por sí mismo. Con él en el banquillo sucedió lo mismo. Este Espanyol volvió a justificar, con creces, por qué es último y sacó de quicio a su masa social. Pues hay que remontarse a tiempos remotos para encontrar algo similar a lo que hicieron ayer; absolutamente nada.

Volvió a retumbar el “este equipo no da para más” de Quique Sánchez Flores. Y todavía quedan cuatro partidos.

Esperpéntico
El duelo, la situación y la expulsión y consiguiente marcha hacia los vestuarios de un Jonathan Calleri que podría haber jugado ya sus últimos minutos con la blanquiazul. Se borró. Se le cruzaron los cables. Fue la viva imagen de la impotencia imperante en este equipo. Del poco temple y cabeza fría. Tierra trágame pensaría Rufete, que no entendía nada. No daba crédito. Y no era para menos. ¡Menuda penitencia! ¡Qué calamidad!

Y cuando estás negado y todo te va mal, va R.D.T. y perdona un gol cantado que hubiera significado el empate. Todo en general, para hacérselo mirar. Una catástrofe. Ya lo dijo David López tras el encuentro, “este club merece mucho más”. Algo que la gran mayoría no deben haber entendido.

Duele reconocerlo, pero este Espanyol se ha ganado, con creces, el cartel de peor equipo de Primera división. No hay excusas que valga ni justificación alguna. Ahora sí, se ha tocado fondo. Ánimo pericos.