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CONTRACRÓNICA

Un susto arreglado con sentimiento y un ‘monazo’

El Espanyol saltó al césped con un ‘look’ casual y casi le cuesta caro el haber reservado para el domingo el traje de Armani

C. Fanlo @Fanlillo
23/08/2019

 

Qué bonito es el fútbol. En 90 minutos se puede pasar por todas las emociones posibles: desde la desesperación hasta la euforia. Y el Espanyol, experto en ello, nos dejó otra función de este calado. David Gallego fue fiel a sus rotaciones, como en todos los encuentros europeos disputados hasta el momento, y a punto estuvo de pagarlo caro. Pero el empuje blanquiazul, el cansancio del Zorya y una obra de arte, otra más, de Matías Vargas -qué bueno es este chico-, solucionaron una noche que comenzó torcida, con la lesión de Iturraspe y el tanto ucraniano que dejó a los poco más de 13.600 aficionados -no puede ser que tan poca gente acuda al RCDE Stadium en un encuentro de este calibre- completamente helados, a pesar de ser agosto.

La velada comienza torcida
Era la gran noche. La primera ronda de una final para volver a disfrutar de Europa en todo su esplendor al menos hasta el mes de diciembre. Sabían los blanquiazules que tenían que rendir y sacar el mejor resultado posible para la vuelta. Como cuando uno conoce a sus suegros, que espera causar la mejor impresión posible. Pero el hecho de tener otro evento de gran importancia dentro de tres días hizo que el Espanyol saltara al césped con un look casual, guardándose el traje de Armani para el domingo. Y lo pagó caro, ya que además de haber poca conversación con algún silencio incómodo -la lesión de Iturraspe-, antes de acabar con el primer plato se manchó la camisa de uno de esos aceites de oliva que dejan marca en el tejido. La velada no pintaba nada bien. Y la cara de David Gallego lo decía todo al descanso. Al Espanyol todavía le duraba la pájara del duelo contra el Sevilla, por mucho que el técnico perico dijera lo contrario en la rueda de prensa previa al encuentro. Eso o el Zorya vio el partido frente a los andaluces, puesto que su presión fue agobiante. Y, ante su teórica inferioridad, le puso ganas para seguir soñando, como dijo Skrypnyk antes del duelo y, en una buena contra, sorprendió al encontrar al Espanyol descolocado y a Darder en el limbo.

Lección aprendida
Los ucranianos no son el Sevilla, pero tampoco se parecen en nada ni al Stjarnan ni al Lucerna. Es más, pisaron más campo rival en 45 minutos que los islandeses y los suizos en cuatro duelos enteros. Pero, continuando con el símil, todavía quedaba cena para revertir la situación y acabar haciendo sonreír a la familia política. Un chiste tonto provocó la risa forzada, pero al abrir la botella de vino que llevaba un rato sobre la mesa y que nadie pudo descorchar a pesar de los intentos llegaron los primeros elogios. Aún había tiempo.

Porque el Espanyol parecía otro tras el paso por vestuarios. Embotelló al Zorya en su campo y, a pesar de su patente falta de verticalidad -cómo se nota cuando no está Melendo sobre el campo- la supuesta bronca de Gallego funcionó. Los blanquiazules comenzaron a trenzar jugadas y a probar a un Shevchenko que por momentos parecía el mítico delantero del Milan pero en portero.

El ‘Pirata’, a la hora de salir al escenario en solitario -como cuando su buen amigo Leiva se separó de Pereza- no estuvo fino con los acordes de su guitarra. Pero el Espanyol tiró de sentimentalismo para acabar de convencer a esos suegros que hemos dejado unas líneas atrás y Javi López, que mejoró sus prestaciones en la segunda parte, marcó un gol que es de justicia.

Los padres de la pareja del equipo, en este caso la afición, todavía tenían reticencias tras la mala presentación. Pero aún quedaban los trucos de magia finales, obra de un ‘Monito’ Vargas que marca las diferencias.

Solventado con éxito el partido de ida, el Espanyol todavía tendrá que remar para estar en la fase de grupos. Con la lección aprendida, deberá ponerse el traje de gala la siguiente semana. Una vestimenta que podría llevar una corbata nueva con la más que probable llegada de un Calleri que debe aportar otro aire a una delantera a la que le falta algo. El ex del Alavés formará, siempre que llegue, un tridente argentino con Ferreyra y Vargas que buscará reinar en Ucrania. El ‘Chuky’ ya sabe cómo se hace.