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OPINIÓN ORIOL VIDAL

De la sonrisa a la mueca

Sus gradas, desangeladas pese al fluir de las invitaciones, animan enfrentadas a ritmos y canciones diferentes

Oriol Vidal Oriol Vidal
04/04/2019

 

Cruje el Espanyol. Le cruje todo, artrítico de ideas, doliente de piernas y renqueante de puntos. Vale que el Geta era esto, pero también otra frescura era el Espanyol de Rubi, trémulo ayer en casi todo y tremebundo en los cambios. La sonrisa del míster ha pasado de la seducción absoluta a torcerse y el equipo es pura mueca ante los rivales de arriba: ayer despreció el gol de los tres puntos (bien Hernán y Borja en el emboque) y lo dilapidó con un pasillo tan incomprensible como letal. Como Ángel, todo se escapa.

Total, que el RCDE Stadium se ha acostumbrado al chirrido. Sus gradas, desangeladas pese al fluir de las invitaciones, animan enfrentadas a ritmos y canciones diferentes -eso no es noticia- e igual de desacompasado se mueve ya el conjunto, sin pizca de atrevimiento, atascado en la clasificación... y a Dios gracias que el Villarreal ha tirado cinco puntos en las dos últimas jornadas. Melendo lo entona todo con versos sueltos, sí; pero resulta que Melendo, ay, es el primer sustituido. Un cambio malo que Rubi hizo bueno después, pero solo por comparativa con el siguiente: despobló el centro del campo con un Puado por Roca que no pasó a mayores, metido también Bordalás a la colección de delanteros. Para ser justos, tanto Naldo como Wu pudieron dar la razón al míster, rozando ambos el gol. Pero el hechizo ya no funciona y las estadísticas demandan un triunfo en Montilivi para recuperar la fe y no convertir el curso en pura pesadilla. Si puede ser con Campuzano de revulsivo, mejor.

Para dejar claro que nada hoy en el RCDE es completo, faltaba el VAR con una resolución grotesca por eterna en el gol perico: me imagino yo que tiraron la línea, trazaron la hipotenusa, marcaron unas tres tangentes y todo con un vetusto y averiado telesketch, aquel juguete ochentero de dibujo. Con igual y rebuscado trazo malvivió el Espanyol, perdido en los laberintos getafeños, desconcertado por los destiempos de Rosales, Naldo y Dídac y lastrado por un Darder que de metrónomo ha pasado a termómetro de cómo está el equipo: o bulle demasiado o no entra en calor. Ocho jornadas: la obligación en Girona y duelos duros sin concesiones. La medida definitiva de si esto va ir a alguna parte (lejos del pozo, digo) o si habrá que volver a empezar. Que la mueca se corrija.

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