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OPINIÓN DE JOSÉ SÁNCHEZ

El socio y aficionado, el centro de todas las cosas

Llenar el estadio de turistas, es el objetivo que parecen haberse marcado, pero por el camino no se olviden de mimar al socio

José Sánchez José Sánchez
02/12/2018

 

El pasado jueves, varios periodistas asistimos a un ‘desayuno de trabajo’ con los responsables del club espanyolista. Roger Guasch nos hizo una ‘previa’ muy instructiva de los números que se presentarán en la junta de accionistas del próximo 5 de diciembre y que se celebrará en horario de banca, a las 11.30h, como corresponde a un club de fútbol.
A estas alturas ya habrán leído y escuchado los datos más relevantes sobre la economía espanyolista. Pero quiero insistir sobre aquello que todos esperábamos saber en esa comparecencia: el resultado de la campaña de renovación de socios. Y que como todos intuíamos, el club también, presenta una preocupante -lo repetiré-, preocupante bajada de 3.449 socios. Pudo ser peor, pero Rubi ha parado el golpe.
Roger Guasch explicó que lo volvería a hacer “porque es un proyecto de futuro, de luces largas”. El director general corporativo está convencido de la bondad de su plan y así nos lo detalló con gráficas y ‘Excel, musso Excel’, que diría un flamenco. El problema, para él, reside en que no ha sabido explicarlo. Aun teniendo razón, insiste en el error. No es una cuestión ‘solo’ de precio, es ‘una serie de catastróficas desdichas’ que nos han llevado a esta situación de desmotivación y hartazgo. El director general, y el club, debió ser más permeable a la crítica y entender que socialmente no era el momento. Él responde que “claro, en diez años nunca ha sido el momento de arreglar lo que estaba mal”. Ahí toca recordarle que si estaba mal es porque alguien, no la afición, lo hizo mal… Llegado a este punto entramos en un bucle del que nunca saldremos. El mal ya está hecho, miremos hacia adelante en busca de soluciones.
También insistió el director general corporativo en que “si haces las mismas cosas obtienes los mismos resultados”, avalando así su, digamos, arrojo. Bien, pero tampoco nos pongamos tan estupendos porque de todas las propuestas que oí nuevas, lo que se dice nuevas, bien pocas.


Veamos. Lo primero, “aprovechar el espacio para regalar entradas que es una herramienta de marketing muy potente”, en sus propias palabras. Nuevo, nuevo, no es. Sigamos. Invitar a los niños de colegios al campo. Eso hasta tenía nombre: minigrada. Más, el ‘pericobus’, como ven también tiene nombre. La siguiente: tener presencia en ‘La Ciutat dels Somnis’, antes llamado Salón de la Infancia… ¿a que les suena la iniciativa? Y por último, recuperar el Ciutat de Barcelona. Quién haya leído esta columna se habrá cansado de leer su reivindicación, por lo que no puedo estar más de acuerdo . Y en cuanto a la sede social en Barcelona, ya tarda.
De todo lo que oí, lo verdaderamente ‘potente’ es insistir hasta la saciedad en lo de ‘Espanyol de Barcelona’. Ligar nuestra marca a la ciudad, a nivel internacional, nos reportará ese salto cualitativo que, unido a la presencia futbolística en Europa, puede lograr llenar el estadio de turistas, que es el objetivo que parecen haberse marcado a medio-largo plazo. Que no está mal, pero por el camino no se olviden de mimar al socio. No en vano en su presentación lo situaban ‘en el centro de todo’. A ver si es verdad.