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OPINIÓN DE ORIOL VIDAL

De los sMachin Pumpkins a la Ruperta

García Pont, Chen y Perarnau tendrán que apurar el afeitado del límite salarial al borde del sangrado, porque Ferreyra no tira (literalmente) y el resto parece tener alergia a las redes

Oriol Vidal Oriol Vidal
04/11/2019

 

Acabó el Halloween perico en castañazo, simbiosis perfecta y dolorosa de estos tiempos. El primer acto pareció puro sMachin Pumpkins: destrozo de los malos augurios y de las calabazas ches a base de rock alternativo (al fin cosas potentes de Marc y Darder) y la percusión exigida por el míster: ritmo progresivo y llegadas persistentes. Sin embargo, a este Espanyol le define su falta de definición cara a puerta y tal peaje se pagó carísimo a partir del minuto 55: el equipo cayó a plomo y de la calabaza machacada se pasó a quedarse con la Ruperta, ese antipremio televisivo que te dejaba a cero. Sin nada, más allá de la frustración.

El 2 de noviembre sahariano en el RCDE Stadium (tostada acabó media parroquia y quemada, la otra) deja la lista de los recados más que perfilada. García Pont, Chen y Perarnau tendrán que apurar el afeitado del límite salarial al borde del sangrado, porque Ferreyra no tira (literalmente) y el resto parece tener alergia a las redes. Había quedado el Espanyol advertido por la mala racha del curso pasado, cuando la coincidencia con la Copa se atravesó en la Liga. Se hallaba también el club en pleno pulso con la sombra y los augurios de Rubi sobre la solidez del proyecto. Y, pese a todo, se traicionó el RCDE a sí mismo negándose los refuerzos que el éxito europeo demandaba, y más tras las pérdidas cruciales de Hermoso y el Panda. Pónganlo todo (incluso la imaginación: cesiones y tal) y dejen ya de flirtear con el desastre. Los proyectos de mínimos (de ahorros, vamos) tienen poco horizonte cuando el resto de clubs despabilan: en la Liga de las Estrellas, en la Iberdrola (diga lo que diga José María García) y hasta en la base.

Hace bien Machín en exigir, aunque también él deberá modular su discurso. El 3-5-2 parece mucha tralla para una plantilla poco dotada físicamente (ya desde Quique) y con el fuel siempre justo para 90 minutos a muerte. La máxima exigencia ante el Valencia agotó al equipo tras haber malogrado la sentencia en la reanudación, con Pedrosa y Víctor quedándose a las puertas. Y a partir de ahí, con los carrileros retrasados, el bloque desgastado y las distancias quilómetricas, todo fue Valencia y una lección de fondo de Kondogbia y Rodrigo, que pasaron de una primera parte cadavérica a arrasar la hierba. Que Pizarro Gómez fuera cómplice con los ches fue casi cosa de tendencias, viendo la dimisión periquita.

Todo fatal antes de ir al Wanda y con el regreso de por medio a la Liga Europa. Pinta el futuro truculento y trufado de finales, aunque la primera mitad debe marcar el camino y los delanteros (o los que sean) marcar los goles (no siempre estará Cilessen como ante Darder). De momento, la ilusión le da calabazas al Espanyol, pero es que éste no le ha dado más que la inercia dejada por Rubi… y ya sabemos que las relaciones hay que regarlas. Actúen.

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