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OPINIÓN DANI BALLART

Sin cambios

El club, igual que el equipo, también necesita de nuestra consideración y sentirse querido

Dani Ballart Dani Ballart
03/06/2020

 

A veces creo que la condición del perico es la de quejarse y ver lo negativo de alrededor. Después de ver las reacciones de los socios con la iniciativa del club de regalar el carnet para la temporada que viene me quedó pasmado. Los humanos somos como las plantas. Las plantas para crecer necesitan agua y cariño. Los humanos necesitamos amor y atención. Sin esos dos pilares básicos es difícil proyectarnos y progresar.

El club, igual que el equipo, también necesita de nuestra consideración y sentirse querido. Si al fin de cuentas usamos al club solo para darle palos, más que evolución presenciaremos una involución. Me gustaría proyectar una masa social de una gran fraternidad. Con el sentimiento de pertenencia y estima muy arraigado. Lo curioso es que muchas veces lo he presenciado, pero la sensación de pérdida va en aumento. Nadie es socio por obligación, sino por sentimiento.

Con estas reflexiones me da a entender que algunos aún no hemos hecho el cambio de chip de que este club se convirtió en un negocio privado dentro de la empresa deportiva. Con un adyacente que es la masa social con tanto sentimiento por la historia y nuestros orígenes. Imposible mirar atrás y no acordarse de nuestros abuelos, que fueron los pioneros para inculcarnos este sentimiento. Como la religión o la política, el fútbol normalmente también se inculca desde pequeños. Cambiar, no se puede cambiar. Pero lo que sí que podemos es dar la espalda y caminar hacia otro lado con la esperanza de que en el futuro la entidad cambie y pueda volver a juntarme con ella. Mientras tanto, la lapidación no la entiendo.

Hay muchas maneras de afrontar los problemas pero las quejas desmesuradas no las puedo compartir. Sí que estaré de acuerdo con usted cuando sobre su queja incluya una solución. Porque si de lo que se trata es de ser mejores, soluciones hay que aportar para ser estudiadas. Pero sin soluciones, mejor no hacer demasiado ruido en momentos tan complicados como los que estamos viviendo. Parece que no aprendemos de la época de reflexión que deberíamos haber tenido en este confinamiento. Un tiempo que servía para dos cosas: reflexionar y mejorar o seguir como siempre. No aprendemos de las lecciones que nos da la vida y esto es lo que más me entristece. Saludar, dar los buenos días, ceder la puerta, ayudar, sonreír… se pierde todo. Y tanto va el cántaro a la fuente… que ya saben cómo acaba el refrán. Díganme que soy un soñador y que pido peras al olmo pero no dejaré de intentar vivir en un mundo mejor junto a la familia que más quiero, la del Espanyol.

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