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OPINIÓN QUIQUE IGLESIAS

El salvador está en la India

Viví ese partido sobre el tartán de Montjuïc, contando desde el pie de campo para el Carrusel Deportivo lo que iba camino de ser la sepultura de un club que, solo unas semanas antes, había alzado la Copa del Rey

Quique Iglesias Quique Iglesias
13/01/2019

 

Era sábado, como hoy, hace casi 13 trece años. La historia se la saben de memoria. Hoy La Grada vuelve a hablar con Ferran Corominas, el perico más perico de Banyoles. Si no fuera por él, quién sabe dónde estaría el club. Le diste “vida”, sí. Le dio algo que hoy necesitaría el equipo, el club en general: pasión, drama con final feliz, unión, sentimiento de pertenencia, lágrimas, abrazos, ‘uuuffffs’, acongoje, etc… Pónganle el orden que quieran, como así lo vivieron aquella noche inolvidable para cualquiera.

Viví ese partido sobre el tartán de Montjuïc, contando desde el pie de campo para el Carrusel Deportivo lo que iba camino de ser la sepultura de un club que, solo unas semanas antes, había alzado la Copa del Rey con otra colaboración de Coro en forma de gol. A mi lado, un periodista declarado culer incondicional. No importa su nombre. Importa su recuerdo a día de hoy: “Sentí el miedo, la tristeza a niveles superlativos… No entendía nada. Nunca había vivido nada así. Ni siquiera con los títulos del Barça”. Es que no era la gloria. Era la muerte. Y resucitamos.

Si el Espanyol salió de esa, saldrá de cualquiera. Incluso del actual, por mucho que los 120 millones de euros de deuda no permitan más que alegrías puntuales. Destaco con agradecimiento que el club esté luchando por recuperar su pertenencia a la ciudad condal: el Espanyol de Barcelona. Es un paso importante. Muchos se preguntan hoy qué sería del club si Cornellà-El Prat nunca hubiera existido. En aquel 2006, el estadio estaba levantándose con brío y, dicho sea de paso, ninguna voz discordante tanto dentro como fuera del club. Yo al menos no la recuerdo. Coro solventó el match ball. De haber tirado al poste o al cuerpo del portero Alberto, me atrevo a decir que el estadio se hubiera quedado a medio hacer. Sería de locos elucubrar. ¿Qué creen? De aquella bajó el Alavés. Sin querer emparejar historiales, el club vitoriano tardó once años en regresar a Primera, previo paso por Segunda B (cuatro temporadas). Ya sabía lo que hacía el presidente Dani Sánchez Llibre con su reacción en aquel palco de Montjuïc. Libró por los pelos el peor trago emotivo-empresarial de su vida.

Así que sigamos dándole a Coro el mérito de ser el salvador. Hoy está en la India. Cantan que hay un gallego en la luna. Pues también hay un perico en la India. Que seas feliz, amigo mío.

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