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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Regresar no basta en el Wanda

Como metáfora del curso, el partido fue perfecto: un inicio para poner cachondo como nunca al personal y un desenlace ingrato y corta-rollos

Oriol Vidal Oriol Vidal
26/12/2018

 

Pongan en un calderón un Oblak, el poco gol marca de la casa perica, la indulgencia plenaria de los árbitros a Thomas en particular (y, al Atleti, en general) y añádanle la ley de la la termodinámica de Simeone; remuévanlo todo con rabia tras un primer tiempo perico de cine y ya sin reposar lo tendrán listo: el sexto fiasco consecutivo del Espanyol para cerrar este 2018. Lo peor de la historia cuando mejor lo estaba haciendo. Pura historia del club.

Más, mucho más mereció el Espanyol en el Wanda, pero ya se sabe: la caligrafía académica no se premia en territorio indio. Le falta sólo algo al conjunto de Rubi y, a la vez, mucho. Sacar provecho de la multitud de córners que genera, por ejemplo: un erial, como sucedió ante el Betis. Le sobra no autosometerse con errores evitables, como el de David en la génesis del penalti y el de Granero a la hora de patear a destiempo sobre Koke. Son matices ínfimos en el cómputo de juego de los de Rubi, pero letales. Y más si se pretende virar el rumbo y el ánimo ante un equipo entregado al quiquenaccio y con millones. Sexta derrota, la menos dolorosa de todas, pero derrota al fin y al cabo. Ante el Lega y la Real no se podrá fallar.

Para la esperanza, ese primer acto donde al fin reconocimos a ese Espanyol inédito que trajo Rubi: desinhibido, atrevido, toda convicción y pelotero de riesgo, con pases tensos y cargados de intención. Un equipo que mereció el gol en el arabesco de Granero, otra vaselina brutal de Borja y en una doble de Baptistao que desbarataron entre el esloveno y el palo. Fue un buen RCDE, gravitando sobre Darder y Granero y en el que sólo desentonó Sergio García, algo fuera de sitio en la verticalidad maliciosa del conjunto, y un VAR que sólo ve lo que le interesa (ayer se zampó un clamoroso penalti a Borja).

Como metáfora del curso, el partido fue perfecto: un inicio para poner cachondo como nunca al personal y un desenlace ingrato y corta-rollos. Para creerse impotente, cuando demostrado está que no. Este Espanyol no llega a todo lo que se propone, que es mucho, bueno y variado, y tarea será de la dirección deportiva y del club advertir de una vez lo que veníamos avisando desde verano: Rubi ha traído una idea genial, pero merece que se le dote de herramientas mejores. Y es que, al final, si todo el mundo trabaja tan bien, qué menos y qué más justo que se note.