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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Prodigio y turbo para disipar la niebla

Este Espanyol tiene a Vargas y a Pedrosa para hacer resurgir a las piezas aletargadas

Oriol Vidal Oriol Vidal
18/09/2019

 

Tres minutos para voltear el desastre. Del 76 al 79, y a sonreír. Armaron el taco los grandes ausentes del once: un prodigio del Monito Vargas habilitó a Ferreyra, delantero de pegada si le lanzan algo más redondo que un melón. Y luego, la velocidad terminal de Pedrosa: mucho Adri para un Eibar desprovisto de Ramis, su roca madre en defensa. Granero la empujó a la red y martirizó a todo un escenario habitual de tortura para el Espanyol. 3-0 el año pasado, recuerden.

Ipurúa retrata siempre tu peor lado y David Gallego no es tipo para poses. Pragmático a más no poder, el técnico convirtió al equipo en la víctima menos propicia posible del Eibar, ese monstruo que te asalta y castiga a lo bestia cualquier frivolidad. Así, vimos la versión más cruda del Espanyol, empequeñecido desde la iniciativa propia con un plan de riesgo cero y ‘presióname si puedes’. El Mati, recién llegado de Argentina, y Pedrosa, sin ritmo para hacer frente al pelotón de asalto, al banco. Y el RCDE fue el Eibar y habitó entre nosotros. Indigerible, pero con una sobremesa de tres puntazos cuando ya tantos afilaban la guillotina. Otro día, Robespierre.

No es lugar para pijos, Ipurúa. Quizá por eso yo pondría en suspense tanto el pobre juego del RCDE como ese preocupante empequeñecimiento del que no salen Darder… ni Melendo ni hasta Roca. Quizá ese sea el peor termómetro para Gallego: que ni sus hijos le pillan aún el tono. Pero, por lo demás, y a pesar del pleno derecho de la afición a ponerse tensos, hay que ver el futuro con una pizca de esperanza. Porque recapitulemos: se estampó el Espanyol ante el Sevilla (oh, vaya: el líder) y el Granada (cielos, ayer 0-2 en Balaídos). Así que mesura, que a veces, de un partido paupérrimo, se puede transformar todo: el click necesario, el resorte para creer.

Hay que ser pacientes y confiar, como ayer hizo el Espanyol hasta el final. Hay que tener fe en cualquier circunstancia, como ayer demostró Jonathan Calleri: un tipo torpón a veces, pero de los que no conoce el desmayo: primero corre y se deja el alma y luego, si eso, ya preguntará, que para ser killer toca ser antes un buen matao.

Etapas. Pasos. Este Espanyol tiene a Vargas y a Pedrosa para hacer resurgir a las piezas aletargadas. Un líder y una flecha de incontenible desequilibrio para activar a los mariscales y para que los jornaleros, como Calleri, recojan, como premio a su incansable entrega, los frutos. Podemos perdernos en los debates que quieran sobre estética y plasticidad, y seguramente, coincidiremos. Pero convendría también encontrarnos a partir de los puntos ganados. La perspectiva para ver mejor el puzzle completo. El jueves, Europa.