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OPINIÓN DANI BALLART

El paciente hospitalario

Todos hemos sido vallisoletanos en este playoff a Primera por culpa de Sergio González. Un hombre paciente que supo esperar la mejor oportunidad para demostrar su valía como técnico

Dani Ballart Dani Ballart
17/06/2018

 

Es uno de los nuestros. Todos hemos sido vallisoletanos en este playoff a Primera por culpa de Sergio González. Un hombre paciente que supo esperar la mejor oportunidad para demostrar su valía como técnico. Desechó innumerables propuestas para dirigir banquillos en este periplo de casi tres años desde que fue destituido injustamente del Espanyol. El de L’Hospitalet pasó por una travesía en el desierto. Sediento y hambriento de la mejor oportunidad, nos hizo sufrir a los que siempre le hemos apoyado.

Sufríamos por tanto tiempo pasado y que nadie se acordara de él en el futuro, pero cada vez tengo más claro que esta vida te pone donde realmente te mereces. Sergio nunca ha sido un hombre de ruido y protagonista. Aceptó el banquillo del primer equipo con unas condiciones muy por debajo de los entrenadores con cartel por el mero hecho de su ilusión por dirigir al primer equipo de nuestro club después de demostrar su valía con el B. Con un presupuesto bajo, su autoconfianza le hizo tirar del carro con más de una dificultad pero sin el apoyo unánime de los exdirigentes. Más tarde, en su segunda temporada, su destitución la justificaron por una consecuencia de malos resultados pero sin entrar en la zona de descenso.

Su relevo era un amigo íntimo de él que nunca quiso avisar a Sergio de las intenciones del club de relevarlo de su cargo. Una vez más, las miserias humanas y las puñaladas traperas hacían mella en un hombre curtido en mil batallas. La operación oscura de su destitución escondía la excusa de propiciar la venta del club a un millonario chino que hoy es nuestro presidente. Sergio, lejos de hundirse, supo ser noble con el escudo y retirarse para que la vida le devolviese lo que le habían quitado. Fue Pucela y su Valladolid, quien en un momento arriesgado de la temporada y llenos de ilusión, se fijaron en ese entrenador casi desterrado para reflotar una nave ambiciosa.

El cambio de imagen y juego fue inmediato y hoy Sergio y su Valladolid son de Primera. Mi admiración hacia él por tan excelente trabajo y acabaré escribiendo una frase suya que refleja esa actitud positiva para afrontar la vida y que siempre concluye sus Whatsapps con un... “vamossssss hostiaaaaaaa”.

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