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OPINIÓN DE QUIQUE IGLESIAS

Paciencia y a mejorar… todos

No puede ser que a primeros de septiembre haya dudas sobre el modelo, las formas y los objetivos. Nadie lo merece

Quique Iglesias Quique Iglesias
07/09/2019

 

Sospecho que están ustedes tristes, desilusionados, ante el arranque liguero del equipo. El trabajo del que suscribe pasa por intentar averiguar si esta desazón tiene peso o es simplemente un mero bache en el camino de una temporada tan emocionante. Así que vamos a ello: los mensajes. Todo lo que llega desde el vestuario es positivo, o cuanto menos tranquilizador. Y les creo. ‘Vamos a mejorar, todo tiene un proceso, mejoraremos y los haremos todos’. El término ‘todos’ se repite en varias comunicaciones, algo que también se ha podido advertir en alguna declaración pública de los jugadores (Diego López, Víctor Sánchez y, otros, en menor en medida).

Hay que creer en los mensajes. Por varios motivos. El primero de ellos, de pura lógica, porque el equipo está en sus pies y en su cabeza. No existe club en el mundo en el que la base principal de su día a día pase por cómo se comporten sus jugadores y técnicos. El segundo, porque este vestuario no ha dado nunca muestras de acomodarse en una situación que no controle. No está a gusto en la incomodidad. Y esta situación empieza a serlo. Los futbolistas saben que su rendimiento, por el motivo que ustedes quieran, les ha hecho jugar más mal que bien desde que empezó a competir a finales de julio. La excusa de que han tenido que adaptarse a las nuevas fórmulas del entrenador tiene fecha de caducidad. La marcan los resultados, que no engañan y lo condicionan todo.

Y en el centro del huracán comparece David Gallego. Es genio y figura y no pasa desapercibido para nadie. ¿Les suena? Yo me acuerdo de Paco Flores, técnico al que acabaron liquidando en el club porque decía las cosas claras y no se callaba ninguna. Pasó a la historia como uno de los entrenadores que han marcado el camino, el bueno, a seguir. Con Gallego pinta que puede pasar lo mismo. Le crucifican cuando no se le ha dado ni tiempo para examinarse. Paciencia, por favor, si bien es cierto que debe modificar el rumbo. Gallego sostiene unas ideas muy firmes en su cabeza. No creo que vaya a cambiar ahora todo su ideario, pero sí que se le puede ayudar, que es más sano que hundirle la cabeza de un pisotón. Seguramente Gallego no va necesitar que ninguno de nosotros le eche una mano. Pero sí que se le podría sugerir al entrenador desde su entorno más cercano, en el que incluyo el club, que se quite el cinturón que lleva puesto y mande el mensaje verdadero, el que cala, a un vestuario que estaba deseando trabajar con él. No puede ser que a primeros de septiembre haya dudas sobre el modelo, las formas y los objetivos. Nadie lo merece.