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LA CONTRACRÓNICA

Otra vez, y otra, y otra...

El ansiado 0-2 no subía al marcador. Nada nuevo bajo el sol. Como no podía ser de otra forma tocó sufrir y que, finalmente, se torciera todo

Marta Mendoza Marta Mendoza
30/04/2019

 

Darder quiso invitarnos a soñar, a volver a recuperar el darderismo, pero en el descuento volvimos a tocar con los pies en el suelo. Somos el Espanyol y todo parecía demasiado bonito. Y eso parece estar prohibido para este equipo y para su afición. Basta que se vislumbre un rayo de luz para que aparezca rápidamente una nube. Y ayer esta se llamó Zou Feddal, que para más inri defendió la blanquiazul en el filial.

Tenía el cuadro de Rubi ya los tres puntos en el bolsillo y la mente más puesta que nunca en la codiciada séptima plaza, de ahí a que el batacazo fuera más fuerte y doloroso. Menudo mazazo, valiente decepción. Decía el mítico Luis Aragonés lo de “ganar, ganar, ganar y volver a ganar”. Una máxima que este Espanyol se ha empeñado en versionar: “fallar, fallar, fallar y volver a fallar”. ¡Qué pena! Porque eso de seguir peleando por algo en los tres partidos que quedaban sonaba bien. Motivaba. Pero como siempre acabó siendo un sueño. ‘Déjà vu’.

A Rubi en ningún momento le ha dado miedo pronunciar la palabra Europa hasta la saciedad e incorporarla a su diccionario. El problema es que no ha sido hasta ahora al final cuando se habrá dado cuenta que esa es la palabra maldita. Aquella que cada vez que se pronuncia todo se tuerce. Se mete la pata y adiós muy buenas para un equipo montado permanentemente en una montaña rusa en la que es capaz de disfrutar y de marearse en cuestión de muy poco.

Nos adelantamos, miedo
Una vez más, el Espanyol lograba lo más difícil, abrir el marcador. Aunque como bien saben todos, en eso parece experto un cuadro perico abonado a adelantarse y que después le acaben aguando la fiesta. De ahí a que ahora primero celebramos el gol –obvio- y luego ya empezamos a mordernos las uñas. Ya saben, las malas costumbres y los 23 puntos que con este guión se habían quedado por el camino, con los de ayer ya ni más ni menos que 25. ¿Se imaginan haber amarrado ni que fueran la mitad? Por salud mejor no hacerlo.

El caldo de cultivo que había en el Villamarín le era favorable al conjunto de Rubi. Tensión por parte de una afición verdiblanca que mordía. Que ponía más nervioso a su equipo. Que asentaba un poco más a un Espanyol cómodo con balón y habiéndose sacudido nervio alguno. Seguro que por la mente de los 11 pericos que estaban el campo, así como en la de todos los integrantes del banquillo, y toda la pericada, les pasaba por la cabeza ese gafe que les comentaba. Esta parecía la mejor ocasión para romperlo y no será porque el equipo no se empeñara en ello. Pero ni así.

Fieles a lo de siempre
Salió el Espanyol del vestuario en la segunda mitad sin ánimo de especular con el resultado, con ambición. Se notó. Se agradeció. Se lo tenían aprendido. Pero, tristemente, la historia se repetía. Y el propio Rubi definía a la perfección el gol anulado a Borja Iglesias: “Otra vez, otra vez, otra vez…” -de ahí a este titular-, y es que de nuevo se resistía la sentencia. El ansiado 0-2 no subía al marcador. Nada nuevo bajo el sol.
Como no podía ser de otra forma, tocó sufrir. ¡Solo faltaba! Achuchaba el Betis. Se desquiciaba el Villamarín. Arañaba minutos el Espanyol. Pero mientras, en el fondo todo sabíamos que lo que acabó pasando estaba dentro del guión. ¡Patapam! Agonizando ya el encuentro gol de Zou y otra vez decepción, rabia, impotencia. Se marchó el equipo muy tocado del verde, no era para menos. Ya que por mucho que Rubi se empeñe en mantener, como dijo en sala de prensa, que “no hay nada perdido”, la realidad es que si. Milagros, a Lourdes. Ahora sí que el último tren pasó y no se cogió. No nos desgastemos más y centrémonos en prepararnos para que cuando la temporada que viene pase, de una vez por todas sí se puedan subir a él.

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