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OPINIÓN DE JORDI LUENGO

No es tristeza, es decepción

Poderoso caballero es don dinero que, una vez más, decanta la balanza. No entiende de sentimientos ni fidelidad. Ni de educación.

Jordi Luengo Jordi Luengo
03/06/2019

 

Sigo intentando asimilar la marcha de Rubi. Como a cualquier perico, su 'espantá' me pilló por sorpresa. No me lo podía acabar de creer y sigo sin entenderla. En solo diez días hemos pasado del subidón europeo a perder a una de las piezas clave en el proyecto deportivo. El fútbol moderno ha vuelto a jugar en contra del Espanyol. El dinero ha beneficiado al más rico, no al más grande. Porque señores del Betis, el Espanyol sigue siendo más grande que ustedes. Poderoso caballero es don dinero que, una vez más, decanta la balanza. No entiende de sentimientos ni fidelidad. Ni de educación. El técnico actuó mal por no avisar de sus intenciones, pero también el Betis por negociar con un técnico con contrato. ¡Es la ley de la selva en la que se ha convertido el fútbol actual!

El idilio entre el técnico y el espanyolismo se ha roto de la peor manera. Y como en cualquier ruptura de parejas, a algunos, los que creían y apostaron fuerte por él, les costará superarla, mientras que para la otra parte de la afición, los que ya habían pedido su cabeza, habrá sido una liberación. Pero este proyecto no es de Rubi. Es del Espanyol. El club está por encima de cualquier persona. Él ya es historia en el club, una historia mucho más breve que la que pudo escribir, y ahora toca estar más unidos que nunca para que este proyecto siga creciendo y la sigamos redactando.

El técnico tiene todo el derecho del mundo a buscar su mejor futuro y su decisión debe ser respetada, pero su marcha ha hecho mucho daño a una afición que en los últimos tiempos no ha tenido grandes alegrías, que veía como año tras año se iban sus mejores jugadores y que ahora volvía a creer. Los pericos estamos acostumbrados a salidas dolorosas, pero son mucho más crueles cuando es de uno de los nuestros. Rubi no se cansó de recalcar que estar en el Espanyol era su sueño. Y su fe nos hizo soñar. Pero de ese sueño nos hemos despertado de golpe. Ahora que estábamos disfrutando de la clasificación europea, le ha fallado a su afición y a los responsables que apostaron fuerte por él. Y esto costará olvidar. Y seguramente muchos no se lo perdonarán nunca.

Nos deja con un regreso a Europa tras doce años, pero su marcha empaña los grandes momentos vividos durante este curso. Se va dejando el listón alto, aunque, posiblemente, cerrándose una puerta para siempre. Pudo entrar en la historia y ahora, seguramente, será más recordado por su salida que por su fútbol. No queda otra que pasar página y pensar que nuestro escudo, camiseta y afición están por encima de cualquier jugador o técnico. Y estos siguen aquí y nadie nunca nos los podrá arrebatar. Este sentimiento no está en venta.

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