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LA CONTRACRÓNICA

Muchos números y poca suerte

Es inexplicable que el Atlético acabara con una sola tarjeta amarilla y que pese a tener ocasiones tan claras el Espanyol perdonara

Marta Mendoza Marta Mendoza
23/12/2018

 

Quiero pensar que esto ayudará al equipo a crecer, a curtirse y a hacerse fuerte. Es el único consuelo que puede quedarnos tras encajar la sexta derrota consecutiva y cerrar el año de la peor forma posible. Con unas malas sensaciones que, visto el sentir general de la pericada, ya ha empañado el espectacular arranque. Una pena, pues este equipo nos enamoró y demostró que es capaz de rendir a un altísimo nivel. Y en este sentido, es paradójico que cuando menos puede parecerlo y cuando el escenario y el rival son menos propicios, van los de Rubi y firman una de las mejores primeras partes fuera de casa de la temporada. Y todo ello justo cuando el equipo está sumido en un preocupante bache de juego y resultados. Curioso.
El problema es que en esto del fútbol se trata de marcar goles y encajar menos que el rival para poder ganar, y últimamente el Espanyol no lo está consiguiendo. Una semana más, el penalti cometido, en esta ocasión de Granero, fue de risa. Como también lo volvió a ser el arbitraje. No pudo definirlo mejor el ‘Pirata’ finalizado el encuentro: “Me gustaría que se respetara más al Espanyol porque cada partido hay que remar más que el rival”. Y es que es inexplicable que el Atlético acabara el encuentro viendo una sola tarjeta amarilla, y que no se señalara fuera de juego en la acción que acabó con el gol de Griezmann desde los once metros. Fue clamoroso. Lo mejor es que la única cartulina local la viera Godín casi al final, cuando los de rojiblanco, fieles a la tradición, dieron estopa.
Pero pataletas e indignación a parte, volvamos a lo estrictamente deportivo en un encuentro en el que el Espanyol no pudo rascar nada ni en la ‘pedrea’. Y no será porque no comprara boletos de lotería, ya que hasta en cinco ocasiones rozó el número ganador. Pero una vez más, la suerte le fue esquiva. Y ya se sabe, quien perdona lo paga. Y en este caso con un rácano lanzamiento de penalti, sin haber sufrido apenas y ante un rival que acabó con un planteamiento muy del Cholo y más propio de un rival que se juega la permanencia. Un despropósito. Es imposible proponer menos fútbol y llevarse más rédito, pero así este deporte, caprichoso y a veces injusto.

Nada que reprochar
Siempre hay fallos, pero el partido que firmaron los blanquiazules en el Metropolitano es más digno de alabar que de criticar. Poco o nada se les puede reprochar a los jugadores, que lo pusieron todo de su parte para tratar de dar la sorpresa y revertir la situación, pero cuando estas negado en las dos áreas, especialmente arriba, poco más hay que añadir.
Aliviado pudo irse el Cholo y sus jugadores al vestuario en el descanso tras el fenómeno meteorológico blanquiazul que azotó el área de Oblak en la primera mitad de juego. Y es que el Espanyol fue un auténtico vendaval en producción ofensiva tras haberse sacudido la presión de los primeros minutos. Concretamente, el Huracán Granero, el Huracán Borja Iglesias y el Huracán Leo Baptistao cerca estuvieron de ponerlo todo patas arriba. Mereció el Espanyol ponerse por delante, pues el dominio y las ocasiones fueron suyas, pero arriba no hay manera. Poco se habla de ello, y en cambio mucho de lo que se encaja y del archiconocido problema del balón parado, pero es preocupante que Borja y Baptistao fallen tanto. Necesitan infinitas ocasiones para materializar y el tema ya es serio.
Me alegra ver que el equipo dijera aquí estamos, de vuelta, pero Rubi, pon a los de arriba a chutar a puerta durante un entrenamiento entero a ver si logramos remediar la escasez de gol.
Finaliza el año y es típico que sea momento de hacer balances. Ahora innegablemente todo se ve negro, pero queda mucho campeonato por delante y este equipo ya ha demostrado que se merece confianza. Saben jugar y ayer demostraron que trabajan y están empeñados en volver a ser los del principio, pero ahora solo falta que todos los astros se vuelvan a alinear y que los pequeños fallos dejen de penalizar tanto. Que de cara a este 2019 se queden por el camino las dudas y los miedos y que volvamos a ponernos en modo apisonadora. Que nos lo volvamos a creer, pues esa es la principal premisa para poder volar. Sacar las pinturas de guerra y salir a por todas. ¡Tots junts podem!


Y por favor, iría bien que contáramos hasta cien antes de precipitarnos. De autodestruirnos, criticar a los jugadores hasta la saciedad y pedir incluso la cabeza de Rubi. Lo de los pericos es de locos. Seamos coherentes y admitamos que lo del arranque no era normal, pero lo de ahora tampoco. Así que ‘calma i bons aliments’. Las conclusiones, a final de temporada.

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