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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Más ‘foc nou’ y menos brasas

Vienen tiempos durísimos. Tiempos de tentarse a quemarlo todo para alejar la frustración. Pero no será por ahí por donde se recuperará el Espanyol

Oriol Vidal Oriol Vidal
03/07/2020

 

Descenso virtual del Espanyol en Anoeta. El peor de la historia, si nadie lo remedia: se dice pronto. La agonía es lenta, pero segura, porque ni en tardes serias como las de ayer escapa el Espanyol de sus demonios: cuando no son errores garrafales (ay, Víctor Gómez en defensa) o las tradiciones (la Real, tan pobrecita que estaba), aparecen los problemas estructurales. Fallos a revisar con urgencia para poder subir rápido. Porque la Segunda, tierra árida sin concesiones, no perdona a los equipos de medio pelo, víctimas de su indefinición. Con Rufete se ve otra cosa, hasta la esperanza, que duró ayer lo que duró. Pero lo cierto es que el RCDE actual no da.

No es este Espanyol de tralla, de brega. Lo acusa como pocos en esta reanudación, donde salvo frente al Alavés y el Betis ha acabado pidiendo clemencia siempre, agotado. Una hora buena y seria, como ayer, y luego, según lo que digan los astros. Y este peaje físico viene de lejos: ya se notaba con Quique y hasta con Rubi, cuando el equipo debía replegarse. Un déficit estrangulante, pero es lo que hay: los jugadores tiran lo que tiran, por el físico y, en otros casos, por su cabeza. Y eso, a las puertas del infierno, me parece la máxima preocupación en estos momentos. Cómo luchar, cómo agitarse en el barro, con los perfiles actuales. Deberá compensarse en el mercado: jugadores rocosos (también de mente), altos y que aguanten la ida y vuelta. Si no, el fracaso está anunciado.

Luego queda todo lo demás: las renovaciones fantasmas de Javi López, de Dídac y no se sabe si de Diego, por ejemplo. Renovaciones cuando quizá lo que habría que hacer son rescisiones de contrato. Por emitir mensajes positivos y de renovación a la grada, ni que fuera. Pero, sobre todo, por necesidad. Renovar piezas ya agotadas es autolastrarse. Es empezar a perder. Pongámonos en el caso de Diego, una institución en el Espanyol, pero que ya no sale de su área pequeña en los balones aéreos, como volvimos a ver ayer. ¿Lo imaginan en los campos de Segunda, en Anduva? Un suicidio. Cualquier apoyo extra que puedan dar ya los veteranos no se compensa en ningún concepto de juego. Y, además, recuerden: han quedado señalados, como líderes caídos. Han descendido. Más ‘foc nou’ y menos brasas.
Vienen tiempos durísimos. Tiempos de tentarse a quemarlo todo para alejar la frustración. Pero no será por ahí por donde se recuperará el Espanyol, sino por el trabajo profesional y bien hecho. Un club cosido de nuevo por una mayor vibración en la gestión, por el final de esa exquisitez estúpida de alejarse del pueblo (y de los medios, claro: ves a buscarlos, ahora) y por el orgullo herido. En definitiva, por el sentimiento. Que, a ver si así, no es tratar a los profesionales como de la familia, sino con la exigencia que el escudo implica.

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