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CONTRACRÓNICA

Más cabeza que corazón

Lo que no se puede discutir es el enorme trabajo que supuso un nuevo sistema que mantenía una exigencia constante en defensa

J.S. González
30/03/2019

 

Venía el derbi ‘calentito’ por la dichosa entrevista a Gerard Piqué en el programa La Resistencia, presentado por David Broncano. Y bronca no hubo mucha en un encuentro donde el Espanyol jugó con más cabeza que corazón. Tras las desafortunadas palabras del central culé se podía esperar un partido más caliente, en la línea de lo que es un Barça-Espanyol. Pero no fue el caso: una vez sobre el césped, los once elegidos por Rubi se dedicaron a aplicar con gran esmero, profesionalidad y precisión el plan que el técnico de Vilassar había estado trazando durante las últimas dos semanas.
El misterio sobre lo que había estado preparando Rubi para el Camp Nou no tardó en desvelarse. Bastaba con ver un once inicial donde, por primera vez desde que es técnico del Espanyol, decidió apostar por una defensa de cinco, un sistema que muchos equipos de la Liga han puesto en práctica esta temporada con más o menos regularidad. Los pericos todavía no lo habían hecho y no cabe duda de que esta apuesta suponía renunciar a los principios del técnico blanquiazul, que planteó un partido con su equipo encerrado atrás, ahogando al rival y esperando la oportunidad para lograr un tanto que les permitiera obtener la victoria. Dentro del conservadurismo que conllevaba este cambio de sistema, hay que reconocer que paradójicamente la apuesta era arriesgada: había que estar perfectos en defensa, que el Barça no sacara petróleo de alguna genialidad de sus atacantes y que los delanteros pericos aprovecharan las escasas ocasiones que se iban a presentar.

La fórmula dio resultado durante más de dos tercios del partido, hasta ese lanzamiento de falta de Messi que Víctor Sánchez introdujo de cabeza en la portería de Diego López. Una lástima, porque hasta entonces el guión que había previsto Rubi se estaba cumpliendo a la perfección, con una primera parte soberbia de la zaga perica. Lo reconocían los propios jugadores culés tras el encuentro, como Sergio Busquets, que dijo todavía sobre el césped que el Espanyol les había puesto en muchos apuros.

Y es que durante los primeros 45 minutos, el mayor peligro culé llegó en un remate de Messi al final del periodo y otro lejano de Rakitic, además del intento de despeje de Víctor Sánchez (definitivamente, el vallesano no tuvo su día) que pudo despejar Diego. Poco más. Jugadores como Alba, Coutinho o Arthur estaban completamente desaparecidos. Luis Suárez parecía desquiciado y únicamente salvaban la papeleta culé Messi y un inspirado Nelson Semedo.
Pero la mediocre primera parte culé no llegó tanto por demérito de los locales, sino por el gran papel del Espanyol en tareas defensivas, donde destacaron los tres centrales –Hermoso, Lluís y un brillantísimo Naldo- y un Marc Roca que volvió a mostrar su mejor versión.

Rubi siguió con su plan
Tras el descanso, el Barça dio un paso adelante con la entrada de Malcom y el cambio de posición de Coutinho. Rubi seguía con su plan e introdujo los cambios que había previsto en el momento que había previsto con el resultado que había previsto. La idea era mantener la defensa de cinco y renovar los atacantes para buscar el gol que decantara el choque del lado perico. Y es que para el Espanyol era uno de esos encuentros en los que se sentía más cómodo si marcaba en el minuto 80 que si lo hacía en el 10, por ejemplo.

Sin embargo, volvió a ser Messi el que marcó las diferencias para el Barça con el 1-0, apoyado esta vez en la mala suerte de un Víctor Sánchez que fue el desgraciado protagonista del partido para el Espanyol. El plan perico para buscar la victoria se fue al traste y tocó arriesgar más, lo que dejó más espacios al Barça para buscar la sentencia en un contraataque, como acabó ocurriendo cuando ya se acercaba el minuto 90.

Visto el resultado final, muchos pericos pueden preguntarse si valió la pena renunciar a los principios de Rubi en busca de un resultado que no llegó. El técnico diseñó el partido con más cabeza que corazón (por mucho que fuera un derbi) porque vio que, con este planteamiento, las opciones de éxito, aunque escasas, eran mayores. Lo que no se puede discutir es el gran trabajo que supuso para el equipo plantarse en el Camp Nou con un nuevo sistema que mantenía una exigencia constante en tareas defensivas, tanto durante los 90 minutos como en la preparación del choque durante las dos semanas previas. Un trabajo que se debe reconocer pese a la derrota y que, dentro del equipo, refuerza al grupo para lo que queda de temporada.