Si ya eres usuario, accede...

Recordarme

¿No recuerdas tu contraseña?
Accede con redes sociales...
Si todavía no eres usuario, regístrate...

¡Regístrate ahora! para recibir los titulares del día en tu e-mail.

¡Regístrate ahora! para poder comentar noticias, participar en sorteos y concursos.

LA CONTRACRÓNICA

Mareo en la montaña rusa

Cómo le gusta enredarse a este equipo. Qué poco le cuesta complicarse la vida. Y qué difícil es poder sumar cuando se cometen tantos errores y tan graves. Así es imposible. Y así quedó demostrado. Los errores matan.

Marta Mendoza Marta Mendoza
15/01/2019

 

Dolían los ojos de ver el atroz inicio de partido que firmó el Espanyol en Anoeta. Un arranque en el que David López salió en todas las fotos y en el que, una vez más, el equipo volvió a mostrar su peor cara. Un Espanyol que siguió la inercia del mal tramo final copero ante el Villarreal. Un Espanyol que sacó de sus casillas a Rubi, que con su cara pagaba. Y es que ver al de Vilassar histérico en el área técnica lo decía todo. Su semblante era un poema, como el juego desplegado por los suyos.
Pero no es nada nuevo que el Espanyol, en todos los aspectos, es un club de extremos, de contrastes, y una vez más hizo gala de ello. Este cuadro blanquiazul, ayer de color rojo, pareció tirar literalmente a la basura un partido vital en sus aspiraciones por no descolgarse de arriba. Pero cuando todo parecía perdido, el decorado cambió. ¡Y de qué manera! Lo nuestro es surrealista, no se puede explicar.
El fútbol no entiende de lógicas y prueba de ello fue la ‘reacción’ del cuadro perico, que con dos destellos en medio de los despropósitos, logró establecer la igualada en el marcador. Así que se pasó de la autodestrucción a la alegría, a creer en que era posible en muy pocos minutos. Muy pocos podíamos pensar en un 2-2 al descanso tras el nefasto arranque, pero así fue. Naldo, que sin hacer ruido está cuajando grandes actuaciones y ayer marcó el gol de la esperanza, y Llorente en propia puerta tras una nueva demostración de lo negado que está Baptistao de cara a puerta, enmendaban la empanada inicial con la que el cuadro perico redactó un manual de lo que no hay que hacer nada más empezar un partido.

Súper Naldo se repuso al K.O.
A remolque desde demasiado temprano y con el choque muy, muy cuesta arriba, el Espanyol iba a la deriva. En varias acciones fueron superados con claridad, incapaces de generar peligro, las pérdidas de balón fueron la tónica habitual… No salía absolutamente nada, hasta que Naldo, que estuvo perfecto en todas las facetas, cambió el signo del partido. Metió al Espanyol en el partido, hizo olvidar el desgraciado córner, el inexplicable penalti y ayudaba a creer. Y por suerte, Llorente, con un gol en propia, contribuyó a ello. ¡Qué locura!

Vuelta a empezar
¡Qué pena! Cuando el Espanyol había hecho lo más difícil, en otro error garrafal, en este caso entre Rosales y Diego López, encajaron el 3-2. Así que vuelta a empezar. Otra vez cuesta arriba y a remar. Cómo le gusta enredarse a este equipo. Qué poco le cuesta complicarse la vida. Y qué difícil es poder sumar cuando se cometen tantos errores y tan graves. Así es imposible. Y así quedó demostrado. Los errores matan.
Y como suele decirse, lo que mal empieza, mal acaba. Y no fue por no tener ocasiones, puesto que después de que el cuadro txuri-urdin se quedara con uno menos, el Espanyol protagonizó un auténtico ataque y gol. Pero sin fortuna. Las ocasiones en las que se rozó el tercero fueron incontables, pero el equipo demostró estar negado.

Agonizando
Pasaban los minutos y quedaba demostrado que la proeza se quedaría en agua de borrajas. Quedó patente que este equipo no sabe remontar. Que cuando las cosas se ponen difíciles, casi ya lo podemos dar todo casi por perdido. Así que mal partido y mal resultado. Vuelta a las dudas y justo en el peor momento. Cuando hay una complicada vuelta copera en casa y un mes de enero que nos guste o no, va a marcar el futuro de este equipo. Queda mucho, sí, pero ayer era uno de esos partidos clave en los que no se podía fallar. No era un partido más, y eso lo demostraron los jugadores con su nerviosismo y su serio semblante tras el silbido final. Nuevo tropiezo perico en un duelo en el que pasamos por todos los estados, de perderlo, a empatarlo, a poder ganarlo... pero en el que acabamos como empezamos; cabreados y demostrando que fuera de casa ganar está muy caro, y más si se cometen errores de este calibre. Como mucho podemos salvar a dos jugadores de la quema.
Volvimos a subirnos a la montaña rusa pensando que esta vez, para cerrar la primera vuelta, sí disfrutaríamos, pero acabamos como siempre, mareados y desorientados. Por lo que ir a más en la segunda vuelta es una obligación. Hay que seguir insistiendo.

Las noticias más...