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OPINIÓN DE ORIOL VIDAL

El lujo es salvarse

Arrancar el triunfo justo y necesario ante el Mallorca no fue cosa de juego ni de táctica. Más bien pareció una extracción: dental, por los dolores; minera, por el sacrificio; y petrolífera, por lo que vale

Oriol Vidal Oriol Vidal
11/02/2020

 

Arrancar el triunfo justo y necesario ante el Mallorca no fue cosa de juego ni de táctica. Más bien pareció una extracción: dental, por los dolores; minera, por el sacrificio; y petrolífera, por lo que vale. Victoria mínima para lo máximo, en un desafío masivo al infarto (en el RCDE Stadium no se oían palmas, sino corazones al límite) y en un rescate emocional vía R.D.T., el detonante de la salvación, único lujo permisible por estos pagos tras evitarlos (los pagos, digo) el verano pasado. El Espanyol zarandeó a su vértigo y regresó de entre los muertos.

Abelardo no le funcionó su ejercicio de distensión en la previa del partido, pero sí su plan pragmático. Un equipo de arreón, Alavés style, fiado todo a la pegada de De Tomás y la pericia desigual de Calleri, Darder y Embarba, que más no pudo currar. El resto, solidaridad y saber apretar los dientes. Y a fe que se precisaron ambas cosas. Acongojado y tieso por la tensión, el Espanyol veía al United donde solo había un Mallorca, de lo cual se derivó por lógica que Salva Sevilla pareciera Ryan Giggs mientras le duraran las fuerzas. Todo apostado al ‘Momento R.D.T.’ y como Darder lo aplazó al birlarle el gol en el minuto tres, hubo que esperar y desesperarse. Cabrera sostuvo al RCDE en pleno de caer en el encabritamiento.

Dídac culminó su notable matinal con un arranque caliente, un servicio en frío a Darder y el centro del balear, de primera, casi una serpentina festiva, lo aprovechó De Tomás para hacer estallar el confeti con precisión en el testarazo. Quinto gol ya de R.D.T., primero de abordo para lo que se precie. El delantero se mueve cual impasible emperador metido en el fregao, intérprete de la batalla hasta descoserla. Su gomina va camino de ingresar en el Museo Perico. Y también sus botas, que ayer provocaron espasmos cuando el madrileño hizo el gesto de cambiarlas. Este Cristiano perico tiene detalles de Neymar. Bendita altivez.

Sobrevivió el Espanyol, a sus cositas y a Mateu. Cual león miró de domarlo Diego, juntando fauces y melena a su calva, harto de su singular criterio. Un gesto tan insólito como asombroso, un rugido inédito: la permanencia resulta innegociable y se ejecutará le pese a quien le pese. Lo entendió la pericada, que acomete el desafío coronario que se le viene encima como un tramo más de la taquicárdica vida perica. A ver la siguiente pantalla, nada menos que el Pizjuán. No se estresen hasta el fin de semana, que habrá que reservar fuerzas.

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