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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Lágrimas congeladas

Lo necesitaba el Espanyol, en exceso intranquilo y pasto de dudas sin balón. Y lo requería el entorno, que al fin podrá descansar un poco

Oriol Vidal Oriol Vidal
05/01/2019

 

Acabó llorando Baptistao. En el banquillo y en el vestuario. Otro ‘hat trick’ de pifias, otra noche de zancada brutal pero con pistola de agua. Demasiado para un delantero que ya no parece que falle goles, sino que el gol le falla a él. Y, sin embargo, su concurso supone aún media vida para el ataque de Rubi, por su aportación diferente, su velocidad alternativa y su capacidad de encarar, bien escaso en este equipo. En fin, para Leo y los demás, un triunfo de alivio y de reposo.

Lo necesitaba el Espanyol, en exceso intranquilo y pasto de dudas sin balón. Y lo requería el entorno, que al fin podrá descansar un poco. Sobre todo ya podrán hacerlo los agoreros de ultimátums, los amigos de martirizarse con estadísticas chungas tras el tramo más complicado del calendario y hasta los iconoclastas que pagaron con David López su frustración post-Betis, como si este club no tuviera pocos problemas. Con todos ellos acabó el capitán in pectore de este equipo en el minuto nueve: patadón mágico desde 50 metros y asistencia a Borja vía larguero. Madera de líder para resurgir.

Rubi y los suyos exorcizaron los fantasmas y aquí, desde luego, nos alegramos. La visualización del técnico volvió a ser la idónea contra un Leganés muy difícil de matar, como había demostrado ante Sevilla, Atleti y sus otras cinco víctimas en las anteriores siete jornadas. El Espanyol volvió a producir tras volver a creer en sí mismo como ya hizo en el Wanda. Y le hubiera sobrado de largo con solo un poco más de acierto por parte de sus delanteros. Fue un RCDE convencido con la pelota, pero renqueante y lloroso sin ella, mal balanceado en defensa y sin entidad serena para recomponerse desde la recuperación y el dominio. Demasiado peaje en un once donde Roca, Darder, Melendo y Sergio García tenían que encontrarse sí o sí. Pero bueno, la presión y la dureza pepinera también jugaron en contra.

Vencer era vital y fundamental para recuperar la mejor versión, ante el periplo de Copa y Liga que se avecina. Volvió a marcar el Panda, que con nueve tantos ha de suponer pura salvaguarda de nervios para el equipo. Pero el bálsamo ordeñado ayer ante un rival bravísimo en la lucha no debería dejar dormir a Mr. Chen en los laureles. Insistiremos: este equipo va cojo para un curso complejo y con la mínima ambición… y la nueva lesión de Sergio García debería obligar a mover ficha de una vez por todas. El equipo es tan sugerente cuando carbura como frágil cuando el entramado básico sufre sacudidas. Rubi merece más grandeza. En los despachos y en la grada (solo 15.000). Pero bueno, en pleno atolladero, bienvenido sea 2019: patadón y palazo a la frustración.

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