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OPINION ORIOL VIDAL

Junta de salvación

Seguro que son horas para el reproche, pero, pericada, son también meses para redimirse y tratar de evitar el infierno

Oriol Vidal Oriol Vidal
03/12/2019

 

Implosionó el Espanyol de mala forma. Casi no hizo falto el grupo de artificieros de Arrasate. Frente a Osasuna, y ante el temor del tsunami en forma de derrota, decidió el Espanyol ahogarse como suele: absurdo hasta el ridículo, doliente hasta para el rival que lo martiriza. Cuatro goles que lo describen todo: patinazos, dejadez, falta de entidad y proyecto de mínimos. No se entiende cada cosa sin la otra y el resultado es esta crisis lacerante. Esta sensación de que el equipo perece y el club se puede volver a enfrentar a un descenso mortífero. Y todos callan, menos uno: Machín.

El míster sacó la metralleta. Las cantó claras. Le faltan “tíos”. Gente que tenga “lo que hay que tener”, “futbolistas de verdad”, que no sean “pipiolos” ni “flojitos” y no, ya no solo mentalmente, porque también es “un problema de capacidad”. Machín se soltó y dejó a Quique Sánchez Flores en calzoncillos (los que, por cierto, ha perdido otra vez en Watford; pero qué carajo importa ya eso). Machín vino a decir el dichoso “la élite nos penaliza” de Gallego, pero a lo bestia. Machín salió a pecho descubierto. A la desesperada, quizá, porque ya no es que los números no le cuadren al Espanyol, es que no le cuadran a él. Y una vez más, ante el desafío del técnico, ante tan gran fiasco, nadie con rango del club que le acompañara para reforzar su autoridad frente al vestuario: menuda mañanita de lunes se viene. Es el RCDE de Chen: cuando en Rastar llega el aleteo herido del perico, aquí ya ha pasado el huracán.

Machín hizo saltar la banca, quizá exigiendo que el Espanyol asalte al banco para salvarse. Sus críticas a los futbolistas fueron tan certeras como arriesgadas con los códigos actuales de vestuario. Pero en ningún caso le eximen de su contribución a este festival del despropósito tan coral que está firmando el club entero (menos los socios). Porque Machín siguió sin modular su 3-5-2 (vamos, como que no lo alteró hasta pasados diez minutos de la expulsión de Roncaglia). Fue Machín quien sigue forzando a un sube-baja contínuo y a un fútbol verticalísimo a jugadores de físico limitado: y no, así no van, como no puede ir Piatti de explosivo revulsivo, con la mochila de lesiones que le ha acompañado. La regresión total de Machín la ilustró un Bernardo tremebundo: otro que se unió al catálogo de horror de esta campaña. Y el soriano solo ve la solución en el orden, como una ascética Mari Kondo en pleno incendio. Mal asunto.

Conviene una convención perica. Una junta de salvación. Seguro que son horas para el reproche, pero, pericada, son también meses para redimirse y tratar de evitar el infierno. Entre los utópicos que aún esperan a Poche, entre los que todo lo quemarían y entre los que ya no ven solución. Entre todos los pericos se debe dar forma a lo que hoy parece un milagro. Fuerza y pasión, y el que se rinda, que se aparte. Mr. Chen, en sus manos tiene material muy sensible y frágil. Tanto, que incluso se rompe el día que el VAR lo mira con amor. La salvación queda lejos, pero más aún lo está mayo.

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