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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Jugadores a pelo en tiempos de playback

El jugador que luzca el escudo lo debe saber: no se le piden gestos de pesadumbre y lágrimas emotivas buscando las cámaras, sino arrojo, sentirlo y hacer revivir al aficionado a kilómetros de distancia

Oriol Vidal Oriol Vidal
01/06/2020

 

Socio y abonado. Socio de una pasión, abonado al sufrimiento: enganchado a la resistencia. Da igual que, a veces, le tomen solo por un cliente. No importa que, con frecuencia, se lo cargue todo cual déspota. El que vive al Espanyol solo echa cuentas como el que hace un sudoku, como un pasatiempo. Por comentar la jugada, por liarla un rato. Incluso puede ponerse serio y transcendente como ahora, en tiempos de necesidad. Pero ahí estará: quizá no en cuerpo, pero sí en alma. Y pase lo que pase, con todo lo malo que puede pasar (¡eh, y lo bueno!), no perderá su número y se presentará a la batalla. Gran reserva siempre y sin perder pizca de gas.

Ojalá los de Abelardo con los arrestos de la perica combativa en el chat de padres del cole. Ojalá el equipo con el brío del abuelo que, pese a todo, sale a comprar convencido de que la vida aún le debe tanto. Ojalá todos los ojalás y todos los aires de revuelta para sobreponerse al curso más decepcionante... y más, viniendo de Rubi. Caen los cargos en el área deportiva como si Chen se llamara Sánchez Llibre. Se remueven las piezas, se sacude todo, hasta por fin la base mal apuntalada, después de semestres excesivos de paciencia. Y ahora, buenos propósitos en la vorágine, cuando el remolino te zarandea hacia la oscuridad. Vamos.

Ruge el Espanyol. Rugirá siempre: se venza o no al Alavés, que será que sí: crean. No será el fútbol de cartón piedra y de playback con coros enlatados el mejor escenario para resurgir, pero la receta debería ser clara: con valentía, con riesgo y sin calcular en exceso, que la contabilidad no es el fuerte de la entidad, al menos hasta que Rastar acabe de decir lo contrario. De no ser así, volverá el Espanyol a menguar, a hacerse pequeñito en el verde y fuera de él. Hay que creerlo, hay que creérselo. Hay que crecer.

Vienen días de gradas vacías, pero de esperanzas llenas. El jugador que luzca el escudo lo debe saber: no se le piden gestos de pesadumbre y lágrimas emotivas buscando las cámaras, sino arrojo, sentirlo y hacer revivir al aficionado a kilómetros de distancia. Avivar la llama, acelerar el latido, gritar liberación. Emprendan la hazaña sin estridencias, pero con toda la constancia. Puede ser el momento para hacerse un nombre o puede ser cuando cualquier nombre se evapore cual suspiro: elijan. Fum-li, collons.