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OPINIÓN DE ORIOL VIDAL

Humor y descaro frente a los dueños del teatro

Se debe buscar algo mejor que respuestas virulentas que solo hacen que retroalimentarlo todo

Oriol Vidal Oriol Vidal
15/04/2019

 

"Del Espanyol se minimizan sus aciertos y se maximizan sus horrores”. Escribí esto tan vigente en mis inicios en el Blanc i Blau, allá por el 97. Pero es algo que podría decir casi cualquier cronista un poco implicado con esta maldita entidad (y digo maldita por cómo gusta decir mal sobre ella). Ay, RCDE: la cagas un poco y te restriñen para siempre. Podrías ser El Club de la Sinécdoque, porque siempre te toman el todo por la parte... la parte chunga, vamos. Un siglo y pico así: leyendas negras en el imaginario popular (hasta el punto que algunos pericos que van de genuinos se las creen), pancartas que no prescriben y asuntos casi veniales por contexto convertidos en causas generales. Y todo, por el pecado original: la Resistencia.

Por supuesto, todo este primer párrafo es leído entonces como “pell fina”, “victimismo” y “sant tornem-hi”. Y así entra el perico en el circulo vicioso del que no sale ni ‘patrás’, con reacciones airadas, defensas numantinas, disputas internas (la especialidad de la casa since 1900) y ese continuo caer en el juego de quien te quiere alborotado y con la sangre hirviendo. Cualquier mindundi en periodismo (ejem) ya sabe que basta con lanzar una chinita al orbe perico para que este se rebote y explote y te regale un suculento posicionamiento gratuito. No hay presa más fácil ni ascensor social más barato, como bien evidenció aquello de “la desgracia del yerno perico” en un anuncio electoral editado y postproducido.

Ante semejante círculo y circo loco vicioso, diría yo que ya no valen ni el vasallaje adaptado (da para propinilla inservible), ni tampoco el combate cerril, sino puramente el cachondeo. Porque repasemos: lo de Calzón nos sobrecogió a todos sin la prudencia de haber visto la escena completa ni ser justos con 40 años de contexto, eso tan voluble según los colores del sujeto. Al final, Calzón nos ha dado otra lección: más que el exabrupto, llega un momento en el que te tienes que reír. Y cuando se pueda, sacar provecho, como casi parece sugerirnos Piqué con sus chistes recurrentes.

Si algo no es serio (y la exageración burda de los medios no lo es), toca echar mano del ingenio. Hay que ir un poco más allá de atender a las estrecheces del corsé del establishment, así como se debe buscar algo mejor que respuestas virulentas que solo hacen que retroalimentarlo todo (ni al más bobo de los Boixos se le hubiera ocurrido lo de Ana Frank; por lo tanto, fuera esta calaña y todo cómplice). Es difícil, pero cuando los propagandistas se exceden como “dueños del teatro”, no deben ser percibidos más que como meros “espantapájaros”, esa pulsión que algunos llevan tan adentro.

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