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OPINIÓN DE GONZALO DE MARTORELL

Hablar en perico

Ha llegado el momento de que al RCDE lo gestionen personas que -como dice el diccionario- lo usen, disfruten, conserven y cuiden como si fuera propio

Gonzalo de Martorell
05/07/2020

 

Doy por hecho que, en estos tiempos de Wikipedia, un diccionario se antoja una reliquia de otros tiempos tan anticuada como una cinta de casete o las hombreras en las chaquetas. Y es una pena porque los diccionarios, cuando se los lee con atención, resultan la mar de instructivos y explican rematadamente bien las cosas.

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define -por ejemplo- la palabra usufructo como el ‘derecho por el que una persona puede usar los bienes de otra y disfrutar de sus beneficios, con la obligación de conservarlos y cuidarlos como si fueran propios’.

El usufructo es una fórmula jurídica muy antigua que se instituyó en el Derecho Romano como mecanismo para proteger la fortuna de los propietarios frente a gestores advenedizos que pudieran dilapidarla.
Entre el propietario y el usufructuario se establecía una relación que trascendía lo estrictamente comercial para instalarse más en la lealtad, en el sentimiento y en el reconocimiento del rol de ambas partes en pos de un mutuo beneficio.

Llegados a este punto imagino que algunos lectores se preguntarán a qué viene esta perorata de primero de derecho. En realidad y además de para justificar la carrera que me pagaron en casa -con escasa brillantez académica por mi parte, debo admitirlo- el símil me ha parecido adecuado reflexionando sobre los tiempos convulsos que vive nuestro club.

Ha llegado el momento de que al RCDE lo gestionen personas que -como dice el diccionario- lo usen, disfruten, conserven y cuiden como si fuera propio.
No me malinterpreten; incluso con el club virtualmente descendido e inmerso en una crisis social y deportiva de dimensiones siderales, sigo pensando que los espanyolistas debemos agradecerle cada día a Mr. Chen que nos insuflara el oxígeno que nos salvó de la muerte por asfixia económica.
Pero está claro también que su modelo de gestión -con el magnate chino insistiendo en tomar decisiones desde 11.000 km de distancia- no funciona.

Y no funciona porque lo que ha logrado es que, en esta etapa reciente, el club haya estado gestionado más por tecnócratas que por leales ‘usufructuarios’. Y que hayan abundado los profesionales más preocupados por cubrir el expediente ante Rastar que en conservar y cuidar el RCDE como si fuera propio.

El Espanyol no necesita iluminados que no entiendan que los dogmas de ESADE no sirven de nada si no entra la pelotita ni portavoces políticamente correctos que no ‘portavocean’ nada. Urge devolverle al club el alma y el sentimiento que algunos han pretendido enterrar bajo la frialdad de los powerpoints.

Al frente del Espanyol ha de colocarse a gestores que sientan los colores, que entiendan la especialísima idiosincrasia de este club y que sean capaces de ‘hablarle en perico’ a la afición. Representantes que sepan lo que significa ser el único niño o niña espanyolista de la clase, que sientan como propias las afrentas de otros equipos y que defiendan al club sin complejos cuando deban hacerlo, sin miedo a quedar mal con quien sea que no se debe quedar mal.
Me consta que José María Durán, el flamante Director General al que va a tocar pilotar la nave en esta azarosa travesía, es un hombre que lleva el blanquiazul en el corazón. Algo hemos ganado, por tanto, en ese sentido.

Pero no debe quedarse ahí. Quizás ha llegado el momento de hacerle entender a Mr. Chen que contar dentro del club con otras sensibilidades pericas -más allá de cual sea la fórmula escogida para ello- es la mejor manera de trabajar por la rentabilidad de su inversión.
No podemos esperar más. Hay que ‘espanyolizar’ el Espanyol.