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OPINIÓN DE ORIOL VIDAL

El fuego renovador llega a tiempo

Señores fichajazos, demuestren su sufijo. Benevolente parece el calendario como para levantar cabeza y ser, al fin, fuertes y competitivos los 90 minutos

Oriol Vidal Oriol Vidal
04/02/2019

 

Un roscón diabólico de Rosales evitó el peor de los roscos en Villarreal. Melendo aportó la luz a un equipo perdido en las tinieblas y la presencia intimidatoria al final de Wu Lei y el ‘Chucky’ Ferreyra devolvieron la esperanza. De la nada absoluta con un primer tiempo viejuno y caduco (digno de final, sí, pero de ciclo) al golpe de orgullo del Espanyol que debe venir. Más le vale a Rubi, pues la receta para curar a este enfermo parece muy clara, por más que en el decisivo duelo dominical se resistiera a aplicarla.

El equipo titular del RCDE en La Cerámica fue de porcelana. Pareció que Rubi quisiera dar una última oportunidad a lo viejo antes de dar paso a una renovación necesaria. Que Granero fuera premiado con la titularidad tras sus bochornosos minutos en el Villamarín resultó incomprensible. Pero el míster tiró de galones, con un Víctor que sí había dado la ta talla frente al Betis y arriba Piatti y Sergio García intentando enlazar con Borja. Más allá de debates y manías, incontestable es que el Espanyol no existió, no chutó y ni se aproximó. Demasiado diáfano como para obviarlo en los próximos onces.

Rubi debe trabajar ya el viraje táctico, pues su plantilla lo demanda. Hacia un 4-4-2 o a un 3-5-2 (difícil frente al Rayo, con Hermoso sancionado). Alfa Semedo para aportar equilibrio y, arriba, desestabilización, con la tralla que suponen Borja y Facundo y ese agente secreto que puede tener el Espanyol en Wu Lei. Pese a casi no tener tiempo, la megaestrella china se mostró con ganas de ser protagonista, perfilada siempre para salir con peligro y, además, de gatillo fácil. Calidad para un nuevo Espanyol como para echar para atrás a cualquiera y para que todo el mundo perico salga contento, aunando al fin resultado, sensaciones y estética. Pero la realidad aún es hoy bien áspera: a dos del descenso, por más que algunos aún encuentren Europa a cinco.

Benevolente parece el calendario como para levantar cabeza y ser, al fin, fuertes y competitivos los 90 minutos. Volver a la solidez en casa y consolidarla de una maldita vez fuera. Porque de equipos tan temblorosos y vulnerables como el Villarreal de Gerard, por desgracia, pocos se va a encontrar el Espanyol. Señores fichajazos, demuestren su sufijo. Ayer, el fuego renovador sofocó el incendio.

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