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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Flagelarse o reaccionar

Me quedo con los pericos resistentes a todo y con los que lloran. No toca divorciarse ni de Rubi ni del equipo

Oriol Vidal Oriol Vidal
10/12/2018

 

Aplastados en un derbi reducido a la nada. Lo consiguió Messi, demoledor y encabritado por la FIFA, por Pelé, por France Football. Su primer golazo de falta fundió al Espanyol, al darderismo y al efecto Rubi, esta vez ecualizado para protegerse y asestar a la contra. Y ni levantarse pudo el equipo al primer golpe, asediado Marc Roca y sin el apoyo de Hermoso en la salida. Todo fue azulgrana (bueno, paliducho rosa chicle) y se murió el duelo ciudadano casi sin rechistar, porque anda el Espanyol depre y cabizbajo: cuatro en raya de fiascos y diez goles en los últimos tres partidos. Cuidado.

Expuestos los hechos y las excusas (la falta de Lenglet a Melendo que precedió al primer gol y la sensación de que bastante más pudo hacerse en los otros), toca encajar y levantarse. Porque el flagelarse o el maldito rencor infantil no van a solucionar nada. Estamos ante un Espanyol que ha promocionado la deserción de socios (sólo 24.037 espectadores en un derbi: en fin) y la de accionistas (ah, no importa que vengan seis menos, qué le vamos a hacer). Un Espanyol que, con la excusa de coger una supuesta carrerilla para el futuro, hoy se ha despeñado, verbo que vale para explicar el caerse por el abismo y también, literal, el quedarse sin peñas. Por lo tanto, no toca divorciarse ni de Rubi ni del equipo. Son el enganche del perico con el club de sus entrañas. Son la esperanza, a la espera de que la entidad priorice lo que ven sus ojos a lo que proyectan sus powerpoints. Así está el tema.

Olviden los juegos florales de la automutilación y mantengan su fe contra el Betis. Va a ser un partido crítico, quizá para evitar seis derrotas seguidas, que luego viene el Wanda. Aun hoy podremos discutir si “quizá con Baptistao, que tan bien acabó contra el Cádiz...” o si el desastre se hubiera podido evitar con Rubi fiel a sus preceptos: mi sensación es que viendo el tono general perico y el de Messi, el leñazo podría haber sido peor. Porque por más que nos pongamos dramáticos (hay varios derbis por el estilo en la última década, puntería culé al margen, por no hablar de aquel 0-6 del Madrid), la sangría de puntos tras el partidazo del Pizjuán (los giros del fútbol, amigos) no se revertirá. Futuro y orgullo, más que nunca.

Me quedo con los pericos resistentes a todo y con los que lloran. Con los dos tifazos que vimos (aunque quizá si sólo hubiera habido uno, todo nos andaría mejor). Con los pequeños y pequeñas que se levantaron ayer convencidos de la victoria. El motor del Espanyol y su sentido de todo son ellos. Así que olviden mochilas, fobias y los patéticos intentos de uso político del club que sólo lo dividen y lo restan más, si es posible. Defiendan la única tierra común que importa aquí: la perica.