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CONTRACRÓNICA

Que fea manera de despedirse de la Europa League

Bajo ningún concepto hay que permitir que a uno le pinten la cara. La pasividad no tiene cabida. Por orgullo y por los 1.200 desplazados

Marta Mendoza Marta Mendoza
21/02/2020

 

Saben cuando alguien quiere dejar a su pareja de la mejor forma y sin hacerle daño pero acaba consiguiendo todo lo contrario y metiendo la pata hasta el fondo? Pues eso fue lo que le pasó al Espanyol. Que con su equipo inicial ya dio signos de querer dejar la competición y al final se acabó percatando de que lo hizo de la peor forma posible. Para esto ha habido que esperar 12 años.
De inicio miedo, como el que infunda Adama Traoré con solo verlo y el que paraliza a Víctor Gómez. Suerte que se fue tranquilizando un poco el chico… Once de mucha rotación, a priori pocas garantías en el verde. Todo lo contrario que en la grada del Molineux Stadium, donde los pericos se hicieron escuchar. Lo de esta afición no tiene nombre. 1.200 raros, locos e ilógicos, pero imprescindibles como rezaba aquella mítica campaña bajo el lema ‘Meravellosa Minoría’.

Y a los quince minutos del miedo a lo de siempre. Error defensivo defendiendo una jugada de córner y algunos habituales, de nuevo en la foto. Por detrás en el marcador y nervios. Imprecisiones, pérdidas absurdas, en este aspecto se revivían los fantasmas de Granada. Bajonazo tras un arranque aceptable y un delantero referencia totalmente desconectada que estuvo de cuerpo presente, pero no de mente. De lo contrario no se explica cómo pudo fallar la que tuvo. Más clara imposible. Esto, si se quiere hacer algo grande, no se puede fallar. Y menos con el ‘9’ a la espalda. El Facu se marcó un Cardeñosa en toda regla. Él no necesita campañas pagadas de desprestigio, con sus actuaciones se sobra y se basta. Fue marrar esa y desaparecer.

Individualmente mucha tela que cortar en algunos casos concretos, pero en lo grupal, el equipo, para nada, estaba mal del todo. Hay si a nadie le diera por cantar… Pues llegar y crear peligro parecía fácil para los pericos. Como fácil se ganó perderse la vuelta Iturraspe con una amarilla por una reacción fuera de lugar.

Pasaban los minutos y realmente parecía que este duelo tampoco era para tanto como pudiera parecer. Pero sin acierto… La unidad B no estaba mal. Aunque el miedo lo infundaba más la propia defensa que los ataques del cuadro de Nuno. El rival daba la sensación de ser batible, eso sí, siempre y cuando los errores individuales no penalizaran tanto. Se podía.

Cambio de chip sin premio
Salió el Espanyol mordiendo en la reanudación. Vistiéndose los blanquiazules de ‘wolves’. Y viéndole los ingleses las orejas al lobo. Pero el fútbol es caprichoso y cuando daba la sensación de que estaba cerca el empate, como ha pasado en incontables ocasiones, se pasó de un posible 1-1 al 2-0 con, el que a buen seguro, será uno de los goles de la competición. Golazo. Jarro de agua fría. Castigo excesivo. ¡Hay la falta de gol! ¡Qué hubiera sido de tener a Raúl de Tomás en el verde… Ya saben, cuando se perdona, se paga. Injusto lo que mostraba el marcador, pero real. Y mientras, rugía la hinchada perica. Honor a los valientes y a un Wu Lei que con más gol sería la bomba. Porque menudo partido el suyo. Acertado, activo y protagonizando tres de las cuatro acciones más claras.

¿Aprenderán esta lección?
Cuando un equipo te gana a base de algún fogonazo y al trantrán no queda otra que hacer autocrítica y asumir de una vez por todas que uno tiene lo que merece. Caía el tercero y la cuesta ganaba pendiente. ¿Estaban mal? No. Pero en el fútbol mandan las áreas. El acierto en ellas. Y eso fue lo que decantó la balanza a favor de un Wolverhampton que afrontará un vuelta tranquila y plácida. Casi como un puro trámite para un Espanyol que, con la alineación que presentó, dejó claro, como ya se sabía, que la prioridad es la liga. Aunque eso, bajo ningún concepto, justifica que haya que sacrificar una competición tan ilusionante con la Europa League. Una pena. Hay veces que las cosas no salen, pero bajo ningún concepto hay que permitir que a uno le pinten la cara. Suficientemente delicados andan algunos a nivel psicológico como para salir más tocados y heridos. Ni el gol del honor se logró. La decepción era palpable. La ilusión de la hinchada en la grada acabó en tragedia en el verde, donde el Espanyol pareció acabar jugando con unos cuantos menos. Y así, no puede ser. La pasividad, nunca. No tiene cabida. Por orgullo, por los 1.200 que estuvieron allí. Que fea manera de despedirse de la Europa League.

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