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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Estadísticas chamuscadas

Moscú y Mallorca. Nada parece urgente, nada acorta los plazos de Mr. Chen. Nada de cambios en el banquillo hasta, como mínimo, el parón

Oriol Vidal Oriol Vidal
01/10/2019

 

Moscú y Mallorca. Nada parece urgente, nada acorta los plazos de Mr. Chen. Nada de cambios en el banquillo hasta, como mínimo, el parón. Se confía, nos dicen, en una reacción al estilo Rubi. Pero el paralelismo parece un pretexto algo irrespetuoso con la memoria reciente: con Rubi el equipo respondía, transmitía y había ofrecido ya una versión muy mejorada de cada futbolista. Hoy, por desgracia, todo intento de paso adelante se desvanece ante la adversidad. Compromiso con la fe justita... y ojo, que el próximo partido en casa es frente al Villarreal de Gerard.

Otra vez el Espanyol de Barcelona en la desconexión, eso que ha lastrado gravemente a Gallego: se ha perdido en el césped (explotado Vargas, sin socios fluidos Roca, diezmado Darder y desaparecido Melendo) y se ha fastidiado con el entorno, porque la personalidad sin réditos se confunde con la tozudez, míster. Defenderse con la lectura de las estadísticas mientras éstas te arrojan un cero de cuatro en casa no parece la mejor idea. Persistir con el concepto “la élite te penaliza” —cuando el RCDE lleva toda la vida en ella— te dibuja como a un novato frente a los demás. Y si eso sucede a los ojos de un pueblo que casi le impuso como entrenador, imagínense la impresión entre ciertos jugadores, aún en pleno duelo por haber perdido a Rubi. De la seducción a una relación forzada: una sensación que se iba a producir de todas formas tras el éxito del séptimo puesto, pero que ahora mismo supera las previsiones.

Quince minutos notables pero sin el gol de Calleri, un capricho arbitral (la regla dirá misa, pero no puede interpretarse atentando al sentido común) y adiós. Todo castigó demasiado al Espanyol, frágil por los errores de pesadilla de Naldo y Calero (pónganlo con David al lado o no le lavantaremos) ... pero también autolimitado desde el principio: sin Pedrosa aún de lateral (estando Dídac agotado y sin frescura mental), con el Monito fuera de su zona caliente y desprovisto de la rehabilitación de Melendo en lugar de Víctor: demasiado para dejar clara la superioridad perica. El Pucela de Sergio fue orden perfecto y triunfó casi esperando el desconcierto de los centrales locales. Ganar en el templo perico es hoy una bicoca: impensable y doloroso para los que apostamos por Gallego. Pero es así.

Estalla el Espanyol social en el desconsuelo y sigue, impasible, su dirección, como si en las llamas leyeran algo. No busquen segundas lecturas: esto, ahora, se quema; tocaba intervenir al primer indicio de humo. Quizá la Providencia lo arregle, pero todo este tiempo y estos puntos tan vitales ya no volverán. El jueves, escenario grande con el RCDE encogido. Desde luego, no era el trato... y lo confirman las estadísticas.

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