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OPINIÓN DE QUIQUE IGLESIAS

La esperanza se llama Granero

Si el Pirata juega a gusto, el Espanyol mejora de manera exponencial. Sucedía el año pasado y en este curso empieza a repetirse la historia

Quique Iglesias Quique Iglesias
21/09/2019

 

Saludamos a las 21.00h a un Espanyol intrascendente. La explicación de la primera parte la encontramos en el gol húngaro. Un simple pase vertical desarmó el mediocampo y la defensa blanquiazul. Gol. Sin embargo, el equipo se limitó a hacer un fútbol horizontal sin poder encontrar ninguna solución. El desespero de la afición estaba justificadísimo. Tanto como la cara de enfado de un David Gallego al que por momentos se le escapaba aquel carácter que tanto gustaba cuando entrenaba al filial.

Como ya sucedió en la última ronda previa, el descanso debió servir para que el toque de atención de una grada que iba camino de estar muy enfadada cambiara la velocidad de ejecución de los espanyolistas. Con subir un pistón bastó para que el Espanyol empatara.

Si Granero juega a gusto, el Espanyol mejora de manera exponencial. Sucedía el año pasado y en este curso empieza a repetirse la historia. Él es hoy el mejor centrocampista del equipo. Da la sensación que Gallego puede encontrar cosas muy positivas del segundo acto: la versión mejorada de Roca, la sobriedad de Pol Lozano, el indiscutible talento de Pedrosa, el idilio de Vargas con todo lo que hace, el hambre de Calleri… Y no se ganó pero se compitió y se pudieron marchar todos con la certeza de que nada está perdido y que aquí nadie ha tirado ninguna toalla. El Espanyol no está muerto. Y no quiere morir.

Despedimos casi a las 23.00h a un Espanyol que no tiene que ir más allá del próximo domingo. Porque todo pinta a que esta temporada va a ser larga y de mucho tesón. Se ganó en Eibar seguramente sin merecerlo. Se empató anoche habiendo meritado un triunfo de última hora. Toca esperar a una Real Sociedad que está de moda y con la que habrá que competir con los reservados de ayer (Calero, Víctor Sánchez, Darder…). Las rotaciones van a determinar qué nivel de plantilla está en manos del entrenador. Llueve menos. Parece. Después de los mazazos de Sevilla y Granada, Cornellà-El Prat necesitaba unos 45 minutos así. No es gran cosa, lo sé. Pero es la muestra de un botón, un ‘click’ que salió de ese cuarto de hora eterno en el que, sin estar dentro, intuyo en que hubo conjura y autocrítica. Lo de la primera parte ya no se perdona. Lo que pasó luego es, sencillamente, esperanza, algo a lo que agarrarse.

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