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OPINIÓN DE ORIOL VIDAL

El Espanyol sale guapo en la foto más chunga del fútbol

Reconforta ver al RCDE en pleno a la altura de las circunstancias

Oriol Vidal Oriol Vidal
01/04/2020

 

Puede estar orgulloso el perico del papel del Espanyol en esta cruel pandemia. El club ha ofrecido sus instalaciones para cualquier necesidad, se han aprovechado los vínculos con China para ayudar a paliar el déficit de material sanitario y, además, ahí está la imagen del vestuario: un grupo de gente normal y sensible a la crisis. Los técnicos y jugadores no solo han aceptado el mecanismo del ERTE sin los numeritos de otros, sino que, además, se han puesto en marcha para promover gestos benéficos de gran calado. Desde aquí, gracias a todos, directivos incluidos: reconforta ver al RCDE en pleno a la altura de las circunstancias.

Luego está el papelón del fútbol en general. Porque justo el año que el coronavirus va impedir la disputa de los Juegos Olímpicos, la industria alrededor de la pelota se conjura para jugar lo que convenga en pleno verano. Por supuesto, sin público. Y, por supuesto, obligados por el dinero: ya se ha apresurado Roures a recordar que el fútbol europeo se enfrenta a pérdidas de 7.500 millones si las ligas, la Champions y la Europa League no se pueden concluir. Su recuerdo/amenaza ha venido acompañado de flexibilidad: cuenta en poder empezar el 15 de junio. Pero incluso el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, ha reconocido que la sombra de la suspensión flota en el ambiente. El mandatario parece entender que sería del género bobo desvestir un santo para mal vestir a otro y ver perjudicada ya no una temporada como la actual, sino dos.

Vive todo esto el Espanyol en plena contradicción. Por una parte, necesita asegurar el dinero de las once jornadas pendientes para mantener su estatus económico: más aún cuando le viene un curso con al menos once futbolistas que acaban contrato, hecho que obliga a tener en forma el músculo financiero. Pero, por otra, está lo obvio: con la cancelación del curso, el Espanyol quedaría exento de los riesgos de un hipotético descenso y podría volver con un ánimo muy reforzado (y con los efectos de su ampliación de capital) a la casilla de salida. Una carambola casi a las antípodas de la suerte histórica de la entidad.

Son días dolorosos y cuesta pasar el tiempo con estos castillos en el aire, tan frívolos ahora mismo. Pero así nos lo hacen revisitar un día tras otro los dirigentes del fútbol, obcecados con la pasta para su chiringuito. Saben perfectamente que sus intenciones resultan un puro brindis al sol, a la espera de ver el alcance total de la tragedia. Y es que hay algo muy plausible que echaría por tierra sus aspiraciones de mantener su chiringuito: un solo contagio o cuarentena en cualquier club cuando todo vuelva a empezar. En fin: pueden convertir algo trágico e irreversible en, además, un follón tremendo. Suerte.

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