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OPINIÓN ORIOL VIDAL

El coleccionista de este sentimiento

Dedicó su vida a rescatar muchos pedacitos perdidos del club para que se quedaran, para siempre, junto a nosotros

Oriol Vidal Oriol Vidal
08/03/2019

 

Todo el romanticismo perico se condensó para dar forma a ese hombretón de una pieza llamado Jordi Puyaltó. Madera de pívot y nervio inquieto de arqueólogo, Jordi configuró su personalidad alrededor de su amor al club, ese vínculo otorgado por herencia y sobredimensionado, en su caso, hasta la tragedia épica: su abuelo viajó a la Final del Agua y volvió campeón, pero también con una pulmonía fatal. Cualquier hallazgo para su museo de Tiana, en el fondo, le debió parecer siempre un homenaje a sus venas, a su alma.

Cuando un perico parte se lleva con él un trozo de la historia del Espanyol. Con Jordi ha sucedido al revés, porque dedicó su vida a rescatar muchos pedacitos perdidos del club para que se quedaran, para siempre, junto a nosotros. Con sus tesoros, Puyaltó recubrió desiertos de memoria extraviada (cuando no despreciada) y completó los espacios que la historia oficial no acertó a considerar. Una incansable tarea de gigantes, porque revisen por un momento su memoria y percátense de la importancia de los detalles: ese cromo que esconde miles de recuerdos, esa portada de un pasado mejor, esos objetos que constituyen un iceberg en la mente de cada perico. A Puyaltó sólo le faltó poder envasar los aromas del RCDE, aunque la esencia de Sarrià y los perfumes de cualquier época nos resultan, por él, bien presentes.

Jordi acaparó la vida centenaria del club, la difundió por cualquier medio (en primera persona, especialmente, en Pericos Online, con Xavi Boró) y dio continuidad al trabajo de Conde, Pastor y Segura Palomares. Fue guía de muchos otros intrépidos que siguen sus pasos y hasta dimensionó la entidad como merecía, como lo prueba su reivindicación de la figura de Ricardo Saprissa, uno de tantos personajes únicos que pasó por el club sin que acertáramos a glorificarlo como merecía (y nos merecíamos). La persistencia de Jordi, en mi caso, y al margen de alguna buena charla, acabó con un fichajazo para mi armario, ya que en un viaje a Costa Rica no tuve más remedio que comprarme la camiseta del Deportivo Saprissa a pesar del gigantesco “Bimbo” que entonces patrocinaba la entidad. El apostolado de Puyaltó resultó siempre persuasivo.

Cada vez que se va un ilustre desea uno que empujará al equipo hacia el triunfo en el siguiente partido o que la victoria aparecerá por simple justicia poética. Hoy, cosas del calendario, partidazo entre históricos contra el Athletic Club. Ojalá los jugadores vuelen, sabedores que, quizá hoy mismo, pueden despertar en miles de jóvenes puyaltós una pulsión obsesiva por el club. Una noche para los coleccionistas de este sentimiento. Del que pone al valor por encima del precio, como a Jordi le gustaba diferenciar. Gràcies!

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