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OPINIÓN DE ORIOL VIDAL

El canto en plena alarma

Tebas sigue a lo suyo y me da a mí que acabará resolviendo la Liga con las 24 horas de la Meyland: le veo capaz

Oriol Vidal Oriol Vidal
26/03/2020

 

Nos vamos a dormir con alarma y nos despierta un suave tertulión de pájaros, sinfonía inédita en la ciudad. Conviene pararse un rato a escucharlos (pura terapia contra la angustia). Es obligado advertir el aire limpio y transparente que, paradojas de la vida, ha causado esta crisis contra la respiración. Como si no fuera ya bastante chocante la tragedia, con virus microscópicos hiriendo a nuestros mayores y hasta derrumbando a los colosos económicos de nuestro tiempo. Inspiren, expiren: profundo.

Tebas sigue a lo suyo y me da a mí que acabará resolviendo la Liga con las 24 horas de la Meyland: le veo capaz. En su lucha contra el sentido común, ha publicitado la dotación de recursos de detección para los futbolistas mientras en los hospitales falta material. Para paliarlo, un torneo benéfico del FIFA 20 (ay, Embarba, qué directo eres) ha recaudado fondos… pero el fútbol industria no aprende, ni lo pretende: Sergi Roberto no ha podido participar por los compromisos del Barça con el videojuego de la competencia. Son los desmanes de cada día de nuestro balompié y de nuestro tiempo, pero que con la pandemia resultan aún más sonrojantes.

Viene una semana dura, de pánico y lloros: lo sufrimos ya en nuestro entorno. Incluso a los que tienen todo el tiempo, confinados, les cuesta dedicar atención al fútbol y a sus cosas, ahora prescindibles. Y aún así, la pasión aflora y cada uno invoca a sus ídolos. Ojalá un capitán como ‘El Maestro’ Francisco para gobernar el timón con firmeza y mirada alta. Ojalá el chispazo de genialidad de Arteaga o Lo Pelat para alumbrar una cura en el laboratorio. Ojalá nuestros héroes de batas blancas, azules y verdes pudieran recibir el aliento extra de Pacheta o Pizo Gómez: que los aplausos desde los balcones se acompañen de los medios para completar su titánica hazaña. Y así, todos los ojalás, de todos los colores, con todas las banderas, con todos los escudos. Ojalá.

Sigue el coro matutino de pájaros y responde, alegre, mi periquito. No sé qué comentarán en su asombrosa conversación: si se ríen de nuestro despropósito o apuestan sobre nuestras desgracias. Tal vez discuten sobre qué respuesta al coronavirus nos iría mejor. Su sencillo intercambio de idiomas, sin embargo, parece más bien un acertijo sencillo sobre cómo vivir mejor sin gastar tantos megas ni forzar la maquinaria en exceso. Como lo era, en principio, el rodar de una pelota.