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OPINIÓN DE NACHO JULIÀ

En busca de la felicidad

El cerebro perico es capaz de convertir un partido aburrido frente al Valladolid en una final europea porque necesitamos creer que somos un gran equipo

Nacho Julià
23/03/2019

 

Recién terminado el partido frente al Valladolid, me preguntaban: “¿hoy estás contento, ¿verdad?”. Mi respuesta fue tajante: estoy aliviado. Y es que hace mucho tiempo que el fútbol y todo lo que le rodea ya no me hace feliz. Ya quedaron atrás aquellos sentimientos de profunda alegría al ganar o de terrible indignación cuando se jugaba un mal partido.
Creo que mi sensación no estará muy lejos de la que tienen ustedes, fieles pericos, que son parte de esos 8.000 sufridores que llueva o nieve, juguemos contra el enemigo o frente al Huesca, siguen asistiendo al estadio con un espíritu casi numantino.

Les juro por Tamudo que cada semana mi mente hace un reset. Me digo que nuestra suerte cambiará, que volveremos a ver el equipo de las primeras jornadas que nos hizo soñar. Me ilusiono pensando que Rubi por fin acertará un cambio y que a partir del 60’ remontaremos algún partido.
Aun así, no daba crédito cuando vi la ola en el estadio por ganar al Valladolid en la temporada del ‘darderismo’, donde se nos prometía ir a por la liga. El porqué de esa ola, o como hemos llegado tan rápido a adoptar como héroe nacional a un jugador chino recién llegado que, pese a sus buenas formas, aún no ha demostrado nada; o incluso podríamos preguntarnos por qué se alaba a Darder después de realizar un partido horrible, simplemente por encararse con el portero contrario. Creo que la respuesta es sencilla. ¡Buscamos cariño!

El cerebro perico es capaz de convertir un partido aburrido frente al Valladolid en una final europea porque necesitamos creer que somos un gran equipo. Nuestra mente transforma un jugador chino recién llegado en la reencarnación de Pelé porque requerimos de referentes que nos ilusionen. O convierte un futbolista impotente y nervioso en el mayor defensor de la causa perica, porque nos urge sentirnos orgullosos y protegidos.
Somos como aquel niño que busca cariño, sentirse querido, ansía la felicidad y recurre a cualquier treta para conseguirla.
Difícil misión tienen nuestros gestores para revertir esta situación, después de 118 años de promesas incumplidas y decepciones. Levantar el ánimo, ilusionar a los socios, volverlos a llevar al campo y que ellos sean los que empujen el carro es realmente complicado.
Dice un antiguo proverbio chino ‘cuando los gordos adelgazan, los flacos mueren’ y en esas estamos. Si esos 8.000 socios que estábamos llenos de ilusión hace 10 años, ahora andamos escasos de ella, imaginen que les pasará al resto...
Reencontrar el camino de la ilusión solo se conseguirá si conservamos a los buenos jugadores para que nuestros niños, por fin, tengan algún ídolo durante años. Como no, teniendo referentes pericos dentro de la directiva que hablen nuestro mismo idioma. Entendiendo que el carnet del Espanyol no solo tiene que servir para ir cada 15 días al estadio, sino que hay que darle un valor añadido. Y sobre todo, han de trabajar incesantemente para que volvamos a ser una comunidad que reme conjuntamente en una misma dirección.