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CONTRACRÓNICA

Un barco a la deriva que nos necesita más que nunca

Protestar es humano, y más cuando las cosas no funcionan como deberían, pero la afición perica se caracteriza por no tirar la toalla

Carlos Fanlo
03/12/2019

 

La afición ha dicho basta. Suficiente estaba aguantando. El equipo suma un punto de 24 posibles en casa, donde todavía no ha ganado, está prácticamente desde el comienzo de la Liga en la UVI y no vence en competición doméstica hace más de un mes. Pero no es eso lo que ha cansado a la hinchada perica, que no falla ni en los peores escenarios. La desidia y los fallos grotescos ante un Osasuna que no hizo nada especial para llevarse los tres puntos hicieron estallar a unos parroquianos que mostraron su malestar en los últimos minutos del partido, cuando el equipo estaba anímicamente destruido. Dispararon directamente contra el palco con cánticos de ‘directiva dimisión’ y la gran mayoría de la grada dejó ver el azul de los asientos mucho antes de que el trencilla señalara el final del duelo. Incluso hubo pitos tras el gol de Calleri que maquillaba el marcador. Hastío y desaprobación de unos seguidores que ya no soportan ver al Espanyol recibir este tipo de correctivos. Que ha pasado de la alegría de lograr el objetivo europeo y la esperanza de poder sacar la situación liguera adelante a la preocupación de ver como la reacción, una jornada más, no llega.

Golpes mortales
Todo parecía perdido en una segunda mitad que los propios protagonistas admitieron tras el duelo que tiraron a la basura. Una vez más, el equipo saltó al terreno de juego sin concentración y recibió el empate, el cual fue el inicio del fin. Después de ello, errores individuales que se llevan repitiendo desde la primera jornada sentenciaron a un equipo que no tiene buena pinta. Machín exigió refuerzos en el mercado invernal tras el desastre sufrido, y no es la primera vez que lo hace. El problema es que, viendo la fragilidad del equipo, la llegada del técnico al mes de enero no está clara. Aquí ya no hay nada claro.

El equipo empezó a remolque, pero poco a poco fue encontrando su sitio. Tal y como está el vestuario, que recibe un golpe y es incapaz de reponerse a este, ya es mucho pedir que plantara cara y tratara de combinar. Se encontró con un penalti que no vio ni el colegiado -ya era hora de que ayudases en algo, VAR- y perdonó el segundo en un par de ocasiones. Una segunda diana que, si hubiese llegado, probablemente el partido no habría acabado como acabó. Diego López hizo su trabajo manteniendo la puerta a cero con espléndidas paradas, pero sus compañeros dejaron vivo al cuadro rojillo. Faltó darle la última estocada, y un toro herido es muy peligroso, tal y como demostró con su ensañamiento ante un equipo que encaja un gol y le empiezan a temblar las piernas como un flan.

Hasta la última gota de sudor
Un recién ascendido se llevó la victoria por 2-4 en el RCDE Stadium remontando el duelo con un futbolista menos y el equipo no levanta cabeza a pesar de que las cosas van bien en Europa -ante un equipo búlgaro, otro húngaro y el peor CSKA Moscú de los últimos años, tampoco nos emocionemos-. El equipo está en una situación de mierda -Machín dixit-, pero no nos podemos rendir. Los pericos nunca lo hacen, y en los momentos difíciles es cuando más juntos hemos de estar. Por ello, los pitos a Calero cuando dejó el campo no pueden volver a repetirse; no hay que personalizar en ningún jugador el mal momento del equipo, sería muy cruel hacerlo. El de Botillo no es el único que está cometiendo errores. Protestar es humano, y más viendo que las cosas no funcionan cuando deberían hacerlo. Pero la afición perica, si por algo se caracteriza, es por no dejar nunca solo a su equipo. Hay que remar todos en la misma dirección. Y creer. Sobre todo creer.

La próxima jornada, el Espanyol visita el Santiago Bernabéu. Que Dios nos pille confesados, pueden pensar. Pero justamente por ello, porque somos el Espanyol, hay que estar tranquilos y soñar con que suene la flauta. ¿Por qué no vamos a comenzar a alzar el vuelo en la Castellana? Ahí ya alzamos una Copa del Rey...

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