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OPINIÓN QUIQUE IGLESIAS

Aquella charla de Borja con Morientes

El Espanyol puede presumir de tener un referente como delantero centro, para el equipo y para la afición

Quique Iglesias Quique Iglesias
18/11/2018

 

Borja Iglesias es un futbolista social, que es lo contrario de asocial. El Espanyol ha encontrado un jugador que dejó secuela en Zaragoza por su calidad humana (con el balón, se le suponía), sonrisa y cercanía hacia el aficionado. Un rara avis en el fútbol de élite de hoy en día.

El gallego, en su llegada a Barcelona, no prometió goles. Le valió con entregar ese cuerpo a la disposición de Rubi manteniendo la felicidad de quién sabe que es un privilegiado. Porque Borja es plenamente consciente de lo dura que es la carrera de un delantero y de la cantidad de compañeros que se han quedado en el intento. En estos días en los que desayunamos a diario con los quehaceres del inquietante Dembélé, el Espanyol puede presumir de tener un referente como delantero centro, para el equipo y para la afición. Una perla.

No debe ser casualidad que Borja quiera y pueda disfrutar de cada momento que vive, desde un gol a un autógrafo en Sant Adrià pasando por un viaje en coche a Tarragona una noche de lunes para echarle una mano a los amigos zaragocistas que las están pasando canutas.

Hubo un día en el que Borja no sonreía, encontró ayuda y sacó la mejor de las conclusiones: sé tú mismo, respeta a los que te rodean y marca todos los goles que puedas. Siendo cadete, y una de las principales esperanzas de la cantera del Valencia, Borja encontró, quizá por primera en su vida, la melancolía. Lejos de casa parecía que hasta los goles se le habían atragantado. Alguien en ese Valencia pensó que una voz experta podría echarle una mano. El 9 de los mayores en aquel Valencia era Fernando Morientes, que era otro de aquellos futbolistas a los que se le caían los goles a puñados. Le pidieron al ‘Moro’ que charlara con ese chico espigado, gallego, que andaba un pelo triste. Y Morientes le convenció para que aprovechara esa oportunidad, ese don que tenía. Desde hace pocas semanas sabe que ese Borja es el Borja Iglesias que hoy es protagonista merecido de la portada de La Grada.

Una gran parte de todos nosotros, de los que seguimos el día a día del Espanyol, quisiéramos que todos los miembros de este vestuario fuesen ‘como Borja’. Pero nadie es perfecto y, además, si así fuera, este delantero perdería parte de la magia que le va a acompañar siempre. Los franceses le llaman ‘panache’. Un futbolista de otro tiempo que mira al prójimo a los ojos. Incluso a nosotros.