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OPINIÓN DE QUIQUE IGLESIAS

Un acróstico, un deseo y una necesidad

El encuentro más esperado de la temporada se plantea hoy como desafío para un Espanyol de bajón y no como una posibilidad de sorpasso histórico a niveles de Champions

Quique Iglesias Quique Iglesias
08/12/2018

 

A veces, solo a veces, el destino futbolístico te coloca en situaciones que nunca habías podido ni siquiera esperar. Hace tres semanas, este derbi hubiera podido suponer el liderazgo del Espanyol, un ‘sorpasso’ histórico a niveles de Champions Legue. Sin embargo, y esperemos que sea para bien, el encuentro más esperado de la temporada se plantea hoy como desafío para un Espanyol de bajón.

Gusta al periodismo de encontrar en la estadística viejos referentes que solo hacen que dar razón a los que piensan que, en el fútbol, cualquier tiempo pasado fue mejor. Hace casi 12 años que el Espanyol no le gana al Barcelona en casa en Liga. Fue en Montjuïc, un 3-1 en la primera temporada de Valverde. Marcaron Rufete, Tamudo y Luis García. No hace falta decir nada más.

Afortunadamente, hoy Rufete dirige el barco, Tamudo le acompaña y a Luis García le tenemos en Bélgica pero mejor informado que ninguno de nosotros. Y ha puesto en marcha un proyecto que esta noche tiene ante sí la oportunidad de “entrar en la historia” como bien ayer dijo el entrenador. De Rubi se espera precisamente eso, que sienta que un triunfo sería entrar en una historia que debe empezar a escribirse con renglones nuevos. No va más. Ya vale.


No será fácil. Porque, tan sencillamente, el Barcelona es mejor equipo. Es el líder. Pero ya no arrasa (al menos hasta hoy). Y se enfrenta al mejor Espanyol de las últimas fechas por mucho que estas últimas semanas haya bajado el suflé. Durante la última década, el Espanyol ha venido cayendo, salvo honrosos empates, de una manera sistemática en Cornellà-El Prat. Hubo cerrojos. Hubo sistema de contragolpe. Hubo intentos de presión alta. Nada funcionó. Probemos hoy pues a jugar como hasta hace cuatro días. Funcionará.

A las derrotas ante Sevilla, Girona (casa) y Getafe le ha seguido una cierta autocrítica. La sensación es que todos saben que han fallado. Desde los jugadores, que han bajado su nivel (alguno de ellos de manera alarmante), hasta el entrenador. Rubi tentó la suerte en Valladolid y se equivocó en Getafe con el invento de Duarte atrás y David López en el trabajo del enfermo Roca. Pero no pasa nada. Aquí nos equivocamos todos, a Dios gracias.

Rompan pues las estadísticas, que no les importe el qué dirán, y acudan al estadio para animar sin insultos ni bajezas similares. Y disfruten, que un derbi solo se vive una vez al año (en Copa no... por favor, eh). Y pase lo que pase, piense que este barco va en la buena dirección y que no hay mal que cien años dure. Si no me creen, pregunten el lunes por las barras de Boca o de River. Así que, suerte. A GANAR ;)