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EL APRENDIZAJE DEL CAMPÉON

Marc Márquez, el niño que domesticó a la velocidad

Viaje al tiempo en que un chaval de Cervera forjó el sueño de ser el mejor piloto de la historia

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
11/10/2019

 

Cuando uno le pide una moto a los Reyes Magos no lo hace pensando que algún día será campeón del mundo. Y menos si tienes cuatro años! Pero ahora que he visto cumplidos todos mis sueños en un solo año, solo puedo dar las gracias a los que me han ayudado, que han sido muchos. Hasta que la victoria depende de ti, hasta que tienes el destino en tus manos, otros han contribuido con su trabajo, esfuerzo y sacrificio o ofrecerte esa oportunidad. Gracias a todos, de corazón.

Estas fueron las palabras que Marc Márquez utilizó para encabezar el libro Una mirada al mágico 2010, en el que se describía la conquista de su primer título, a los 17 años (125cc, Cheste, Valencia), donde llegó con opciones al cetro tras lo que él mismo considera una de sus proezas en los 201 grandes premios que ha corrido: salir el último en Estoril (Portugal) y ganar. Pocas semanas después, papá Juliá dijo: Cuando le vi sufrir en Estoril, decidí guardarme las lágrimas para Valencia. Quería que fuesen lágrimas de alegría, no de sufrimiento. Y acerté.

Márquez ya deslumbraba de niño y si en algo coinciden los que trabajaron con él, desde los maravillosos Guim Roda y Àlvar Garriga hasta los campeonísimos Santi Hernández y Carlos Liñán, por citar técnicos y mecánicos que se han manchado las manos con sus motos, desde los 9 años hasta los actuales 26, es que estamos ante uno de los grandes talentos del deporte, que si, a los cuatro años, en lugar de pedir una moto a los Reyes, hubiera pedido un balón sería Leo Messi y si pide una raqueta, Rafa Nadal. Curiosamente, sus dos ídolos.

Lo que más me impresionó el día que lo conocí, con 12 años, fue su impactante madurez. Era un chico de 12 años, que, cuando hablabas con él, parecía que tuviese 25, señala su mentor Emilio Alzamora, campeón del mundo de 125cc en 1999. Lo tenía todo clarísimo y ya afloraba su enorme pasión. Marc era, entonces, muy chiquitín y siempre, por reglamento, su moto iba muy lastrada de peso, pero él pilotaba ya al límite demostrando un tremendo talento. Ya entonces era una auténtica esponja, que escuchaba atentamente cualquier consejo de los que le rodeaban. Y lo almacenaba todo en su disco duro. Y, otro dato vital para entender la carrera de Marc: tenía, tiene, una familia maravillosa, humilde y que, como él, acepta todos los consejos.

UN NIÑO MUY INTROVERTIDO

Roda, propietario del equipo Procurve, fue el técnico que estuvo con Márquez desde los nueve a los once años, el auténtico bautismo competitivo del octocampeón, el mejor de los parvularios. Marc era un misterio. Pequeño, serio, introvertido, silencioso. Nada que ver con el Marc actual, nada! Un niño con una presión encima de narices, que no procedía de sus padres ni hablar! Se la generaba él mismo porque, su mayor problema entonces y no sé si aún perdura, era que solo entendía esto ganando.

Roda, que compartió aquellos años providenciales para Marc con Garriga, su mecánico de confianza, recuerda que Márquez no solo quería ganar, quería hacer todo perfecto. Y, claro, con nueve años, eso es para volverse loco. Pero es que él, como dice Emilio, ya era entonces un loco de la perfección. Ese loco, interviene Àlvar, se pasaba el día llorandosi había perdido. No había forma humana de consolarlo. Era imposible. Para Marc acabar segundo era bajar al infierno. Odiaba perder. Y, lo malo, es que debía acostumbrarse a perder. Yo le decía vale, acepto que para ti esto no es un juego, es tu pasión, tu deporte, pero es que, en el deporte, Marc, se gana y se pierde!, solo quiero que entiendas eso. Pero él jamás se resignó a perder, jamás! No lo entendía.

LA VELOCIDAD NO LE AFECTA

Y, entonces, es cuando Guim y Àlvar explican su maravillosa tesis sobre cómo, de qué manera, estos seres privilegiados, nacidos para grandes conquistas, perciben la velocidad, el riesgo, algo realmente incomprensible para cualquier otro ser humano. Hay chavalitos y, por supuesto, Marc es uno de ellos, que nacen con una capacidad, una percepción visual de las cosas a una lentitud mucho más alta que los demás, cuenta Roda. Tú vas rápido, muy rápido, en un circuito y todo te pasa a una velocidad trepidante. Esa percepción auténtica de la velocidad te genera estrés, excitación, falta de concentración Marc, ya entonces, percibía la velocidad a una lentitud relativa. Para él, todo pasaba mucho más lento, lo que le permitía gestionarlo todo de una manera más amena y poder ocupar su cerebro con otras cosas.

Entonces, añade Garriga, si unes esa privilegiada manera de percibir la velocidad a su capacidad de concentración, a su determinación, a sus ansias de ser perfecto y, sobre todo, a su inmenso talento, entenderás por qué para Marc ir rápido resultaba relativamente sencillo, pues solía enfrentarse, no solo a pilotos más grandes, mayores, con más años de experiencia, sino a chavales cuyo problema era que a ellos sí les suponía un problema percibir la velocidad a la velocidad real que ocurrían las cosas.

¿Estamos hablando de talento natural? Estamos hablando de talento natural, sí, pero estamos hablando de entrenar ese talento, de pulirlo, de mejorarlo. Yo he visto pilotos mucho más talentosos que Marc, alguno incluso está compitiendo ahora con él en MotoGP, pero nadie, nadie!, ha entrenado ese talento de forma tan acertada, constante y, por qué no decirlo, bestia, como ha hecho Marc a lo largo de los últimos 17 años, señala Alzamora, cuya tesis es plenamente refrendada por Roda y Garriga.

EL PRIVILEGIADO CULO DE MÁRQUEZ

A Marc, la velocidad jamás le ha provocado sensación de riesgo o estrés. Todo en él es natural. Pol (Espargaró), que también pululaba por allí a esa edad y es buenísimo, se bajaba de la moto y le costaba mucho asimilar lo que le había ocurrido, relatar sus sensaciones. Marc, no se había quitado el casco aún, y ya te narraba la vuelta al milímetro, describiéndote qué le hacía la moto, los neumáticos, los frenos, las suspensiones, el puño del gas en cada punto del circuito. Mejor aún hasta te sugería qué había que hacer lo juro! para mejorar la moto, señala Roda, que comparte la sentencia de Ángel Viladoms, expresidente de la federación, que asegura que Marc tiene un culo privilegiado, repleto de sensores con los que sabe, exactamente, qué le ocurre a la moto en cada segmento del circuito.

Guim y Àlvar creen que Marc arrasa porque, aunque ha ganado en experiencia, en listeza, en pilotaje, en tablas, mantiene algo que lo hace prodigioso: el espíritu rebelde de los 15 a los 26. Y eso se refleja en la pista, pues sigue pilotando con el mismo desparpajo, determinación y coraje que cuando tenía, eso, 9 o 15 años. Pilotar una moto, según estos sabios, auténticos maestros de su profesión, es, simplemente, una extensión, una prolongación, de tu carácter, de tu manera de ser. Marc expresa con su tremendo pilotaje y salvadas la sonrisa que tiene fuera del asfalto. Es así y así se expresa en la pista.

MARC OBRA MILAGROS

Y, claro, hablan de desparpajo, de atrevimiento. Marc hace cosas que parecen imposible. ¿Por qué?, simplemente porque él es capaz de imaginárselas antes en su mente y, en milésimas de segundo, las plasma en la pista, insisten al unísono Roda y Garriga. Pilotar tiene una gran base de imaginación. Tienes que imaginar que puedes pilotar de esa manera. Nadie te asegura que podrás hacerlo, ni nadie puede enseñártelo nadie! Lo imaginas y lo aplicas con talento, frialdad, valentía y, además, debes estar atento a las reacciones de la moto, debes ir improvisando continuamente. Y Marc tiene la capacidad de procesar en su cerebro todo lo que ocurre sobre la moto a muchísima menos velocidad de lo que en realidad ocurre, pues todo sucede a 300 kms/h., pero él no lo nota así. Yo creo que él percibe la velocidad como si fuese un videojuego. Es prodigioso, sí.

El francés Thomas Baujard, periodista de la revista Moto Journal, va un paso más allá. El secreto de Marc es su educación. Hay muchos pilotos con talento en MotoGP, pero para ser campeón debes unir y encajar todas las piezas del rompecabezas. Cuando eres tan bueno y todos te miran, has de ser también el más listo. Y Marc lo es. Y el entorno de Marc es más que perfecto, tanto familiar como competitivo. Su talento es irreal, tiene el don del pilotaje de Stoner y la ética del trabajo de Rossi. Y Zarco siempre me dice que el físico de Marc es portentoso. Es tan bueno, que hasta es capaz de dar una respuesta fantástica a una pregunta estúpida. Un periodista no debería admirar a nadie, pero yo admiro a Marc y doy gracias por vivir su época.

ADMIRACIÓN MUNDIALl

Marc es un campeón grandioso porque no se cansa de aprender y eso es lo que más me impresiona de él, explicó el otro día Davide Tardozzi, jefe de Ducati, en una entrevista en Univers MotoGP, de Cataluña Radio. No acepta ser solo buenísimo, siempre quiere mejorar y eso le hace ser aún más que bueno. Y no, no es aburrido que gane siempre, porque nosotros siempre intentaremos derrotarle. Y, cuando lo consigues, es la gloria infinita, le dijo a Damià Aguilar.

Si hemos empezado por Guim Roda y Àlvar Garriga podemos acabar con Santi Hernández y Carlos Liñán, sus técnicos actuales. ¿El secreto de Marc?, se lo pasa bien, disfruta. No piensa en trascender, ni en el futuro. Pese a todo lo que ha ganado y cómo lo ha ganado, Marc cree que aún tiene mucho que aprender. Por eso es mejor cada año, aunque parezca imposible. Marc corre cada GP como Nadal juega cada punto, como si fuese el último de su vida, comenta Hernández.

¿El límite de Marc?, lo siento, a mí me resulta imposible averiguarlo, señala Liñán, jefe de mecánicos del catalán. Es una máquina de combatir en la pista. Es un loco de lo que hace, un apasionado por su profesión, y no deja de evolucionar. Cuando los demás le copian, él da un paso más. Se reiventa cada día.

Me olvidaba una cosa que Guim Roda quiere remarcar, por si alguien piensa que lo único importante es el talento. La cantidad de compromiso que Marc ponía, a los nueve años, en hacer lo que hacía, en aprender lo que debía aprender, era muchííííííííísimo mayor que la de los demás niños. Y, al final, pensabas ¿le ha salido o es que se lo ha currado? Y, sí, se lo había currado, eran ocho horas contra 30 minutos de los demás. Por eso ganaba. Por eso gana.

Por todo lo que hemos explicado, sí, por eso y por tener la familia tan maravillosa que tiene.

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