Diario La Grada | Lunes, 24 de septiembre de 2018

21:41 h. OPINIÓN ORIOL VIDAL

La atmósfera del año como techo

Tocaba ponerse en órbita europea, pero el Espanyol salió con aspecto de satélite errante.

04/03/2018

Tocaba ponerse en órbita europea, pero el Espanyol salió con aspecto de satélite errante. La aceleración lograda ante el Madrid quedó en inercia a trompicones. No dio para más la visita al Ciutat de Valencia, supuesta base para el hipersalto y, al final, estación de paso de una temporada que no arranca más allá de proezas de matagigantes.

Media docena de partidos sin perder, sí, pero sensación que esto queda sin despegar. Baptistao definió el duelo frente al Levante como “el mejor partido del año fuera de casa”, pero ni era difícil ni fue suficiente, porque este Espanyol no sabe conjugar lo estético y el dominio con la victoria. Las avances de los de Quique, trenzados con tino pero sin rapidez, resultaron previsibles para el Levante. Hasta que Jurado rompió con un arabesco la malla de Muñiz, que acabó guillotinado. Imaginación por fin y gol para Leo. Otro punto ‘in extremis’ para un Espanyol que da la impresión que llega tarde.

Castigado hasta por los árbitros novatos, con ese ridículo penalti de Navarro precedido de offside, no le queda otra al Espanyol que fortalecerse en casa hasta que esta suma sin prisa pero sin pausa le reenganche a una Liga igualada y donde el brillo poco resplandece en la trinchera. David y Gerard, mariscales de todo esto, garantizan la lucha. Y si no, ahí tienen el aleteo del mercado: la Roma acreditó a un espía al estadio. Alerta Monchi.

Fue una matinal de pequeñas y grandes tragedias. El pinchazo de Sergio en el calentamiento. El trompazo de Diego con Sadiki. Hasta la muerte como telón de fondo con el adiós repentino de Astori, ex-compañero de ‘La Roca’ y Pazzini. Un velo de duelo para un partido agónico. Llora a su capitán Florencia, justo donde nos dejó Dani Jarque. El fútbol, la vida. El capricho que nos recuerda como supervivientes y que evoca a los añorados como inmortales. Cielo viola y azzurro plagado de estrellas y sueños suspendidos.