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ENTREVISTA A JAVIER MARCET

'Repensar el fútbol' para hacerlo mejor

El veterano exjugador perico ha escrito un libro en el que aporta diversas ideas para que el fútbol gane en espectacularidad

José Sánchez José Sánchez
06/12/2014

 

El próximo jueves, La Grada presentará en la Antiga Fàbrica Estrella DAMM el libro de Javier Marcet Repensar el fútbol. En él, Marcet, que en su tiempo ya fue un adelantado al ser el primer futbolista que se licenció en económicas, disecciona el juego del fútbol y da sus claves para hacerlo más atractivo y espectacular. De la entrevista se desprende su amor por este deporte y oyéndolo, uno recuerda a aquellos pioneros gentelmans de principio del siglo pasado que elegantes practicaban el football. Marcet fue una de las grandes figuras del Espanyol. Internacional absoluto, de él decían que era el jugador más inteligente sobre el terreno de juego. Junto a Parra y Arcas, entre otros, consiguió la mayor goleada en un derbi contra el Barça de Daucik (6-0). Él ganó bien a los culés en su campo y anima a Sergio a hacer lo mismo. Lo visitamos en su casa y hablamos de su libro y del Fútbol en mayúsculas.


Usted que fue profesional del fútbol quiere recuperar el espíritu ‘amateur’ del fútbol...
Yo lo que soy es una persona que siempre ha defendido que el fútbol es un deporte que ha nacido amateur y que, por lo menos en su espíritu, tendría que seguir siendo amateur. Desterrar esa frase tan profesional de que ‘hay que ganar sea como sea’. El fútbol es un deporte amateur donde se gana no de cualquier manera, sino porque uno está mejor preparado, porque sabe más y porque se ha preparado para ello. Para eso hay un marcador que mira la bondad de un equipo y la inferioridad del otro. El marcador señala la diferencia que hay entre un equipo y otro.

En su libro Repensar el fútbol, propone soluciones que favorezcan el espectáculo y acabar con el fútbol rácano, como por ejemplo que los goles sean puntos...
Esto es un cambio que se podría hacer porque en estos momentos los goles en contra no cuentan para nada. Para mí, la clasificación de los equipos debería ser por los goles. Es una idea que es buena en el sentido de que se valora los goles que mete un equipo aunque ya le hayan metido diez. Meter uno o dos o tres es bueno para su ranking de partido. Así el partido sigue teniendo interés para el que pierde. Estas cosas son en las que yo me fijo y creo que podría ser un repensar el fútbol.

La FIFA y los responsables del fútbol se niegan a promover cambios ¿Cree que pueden llegar a incorporar alguna de sus propuestas?
Yo creo que son factibles. Alguien, yo no, podría poner todas estas cosas en marcha. Igual que una modificación que para mí también sería muy buena es que, así como las líneas de fondo, donde están las porterías, son ‘propiedad’ del equipo de esa portería. Y la otra igual, las líneas laterales, hasta mitad de campo, sean de propiedad de esta portería y las del otro medio campo, sean propiedad de la otra portería. Eso quiere decir que si sale por la banda es córner. Si se hiciera como yo digo, el juego se concentraría más en el campo y los jugadores no utilizarían ese recurso de tirar la pelota fuera y no pasa nada. La pelota estaría más en el campo, se jugaría más porque no se provocarían córners.

En el libro usted le da una gran importancia a los árbitros ¿cree que se ha desprestigiado mucho la figura del colegiado?
Yo creo que sí. Hay jugadores que se atreven a discutir de forma desmesurada con el árbitro cuando en realidad el árbitro es esencial en el juego, ya que si no hubiera árbitro no se podría jugar el partido, por tanto, este hombre tiene que tener una autoridad total, como le da la Regla Quinta. No se puede consentir que un jugador discuta con el árbitro. Los árbitros ya hacen un esfuerzo con los jugadores. Cuando se amotinan contra él, lo que hace es retirase y silenciar, no discute, no tendría que hacerlo, porque el árbitro está arbitrando a los equipos. Los equipos son como las Sociedades Limitadas, es el administrador el que manda. Los jugadores no tienen ‘personalidad jurídica propia’. No juegan los jugadores, juega el equipo y esto es una filosofía que se ha perdido totalmente porque el jugador es el gran protagonista, cuando en realidad el fútbol es un juego de equipo.

Incluso usted habla de una liturgia del fútbol, como entregarle el balón al árbitro...
Yo soy muy riguroso. Claro que se pierde tiempo haciendo estas cosas, pero ¿cuánto tiempo se pierde cuando se monta una barrera, por ejemplo, para defenderse de un directo? Las liturgias del fútbol tendrían que respetarse totalmente y entonces el fútbol tendría una mayor prestancia.

Usted insiste en la necesidad de la preponderancia del equipo sobre el jugador.
Exacto. Yo estoy en contra totalmente de esos premios... ‘botas de oro’ que engrosan las vitrinas particulares de los jugadores. Los trofeos tiene que ir a la vitrina del club, al equipo. Darle la bota de oro a Messi, no porque y los demás qué, ¿es que no han hecho nada? Es una tontería. Hay que repensar estas cosas.

Su forma de ver el fútbol es sorprendente. Cuando habla de los juegos... ¿Cree que la lectura de su libro puede cambiar la visión de este deporte en los aficionados?
Esto es una filosofía del fútbol digna de aquel filósofo...

Valdano.
Sí, Valdano, que siempre estaba filosofando. Hay que observar que los juegos están pensados en todo el mundo para ganarlos. Yo digo que un juego es igual a un gol, se equiparan. Cada vez que se mete un gol empieza el partido otra vez, por eso se saca del centro del campo y empieza otro partido. Por tanto, para mí ‘los juegos’ son muy importantes en este sentido: terminan al meter el gol, tienen una vocación finalista. Y con eso aumentaría la decisión de los jugadores por ganar juegos, no como ahora que se juega a la defensa a ver si no perdemos. Una cosa muy importante: el fútbol puede desaparecer si no hay espectacularidad. Al estar constantemente pensando en defenderse es una estrategia pero en realidad se tendría que castigar esa forma de jugar, es perder el tiempo. El tiempo es de los dos equipos. No es de uno o de otro, por tanto perder tiempo es hacérselo perder al otro, cosa que al otro no le interesa porque lo que quiere es jugar. Si el objetivo que tienen los dos equipos no es el mismo, que es el de ganar el partido, entonces ahí se monta un tinglado que es lo que vemos, un fútbol rastrero, que no tiene ningún valor.

Siempre ha defendido el fútbol como una escuela de valores, pero parece que ahora lo único que importa es el dinero que se puede llegar a ganar con este deporte...
Por eso insisto en recuperar el espíritu amateur. Un profesional tiene que tener espíritu amateur. Me gustaría ser como el apóstol de esta idea, entonces veríamos un fútbol mucho más auténtico. Pero claro, esto es muy difícil porque el jugador en el fondo lo que defiende es ganar partidos para poder seguir en la cresta de la ola en donde él gana dinero y es reconocido por el público, etc. Y asume, con toda naturalidad, ese ‘ganar como sea’, y entonces vemos partidos como los que vemos, con una falta de ética total. Yo me echo a llorar, digamos, viendo cómo actualmente se maltrata al fútbol. Ver escenas como estas celebraciones de los goles; a ver quién hace la gracieta más gorda; dar saltitos y tal, cuando al cabo de dos minutos le meten un gol a los que celebraban y no ha servido de nada. Estas cosas son añadidos modernos que yo los rechazo totalmente; no se deberían permitir, y menos los tatuajes. Me da la sensación de que es la vestimenta del ‘pub’ en el que ha estado por la noche. Con la vestimenta de su juerga nocturna está jugando al fútbol. Pero cada uno tiene que tener su libertad y no podemos imponer nada.

¿Cuál es la diferencia fundamental entre el fútbol de hoy y el que jugaba usted?
En mi tiempo, esos codazos que se dan voluntariamente mirando al cielo, para que digan que ha sido fortuito... estas cosas no son propias del fútbol de mi época. Son propias de ese fútbol marrullero que hay hoy en día pero que responde a la falta de formación humana. El jugador no tiene la formación suficiente para evitar estas cosas que están fuera de lugar, por tanto aquí estamos entrando en un terreno que supera al fútbol. Francamente no creo que sea el fútbol el que deba preocuparse de la formación ética y moral de los jugadores que llegan al fútbol como son como ciudadanos. Y eso sucede ahora, en mi tiempo no ocurría. Es la diferencia principal que veo, aquel era un fútbol más espontáneo. Más sincero.

En su época ganar al Barça era más común; no había tanta diferencia como ahora. De hecho usted participó en el mítico 6-0 contra el Barcelona de Daucik...
Es verdad. No había tanta diferencia. El ‘clásico’, como le llaman, ahora es un Madrid-Barcelona, en mi tiempo todavía era Barcelona-Espanyol. Por eso las cosas han cambiado en detrimento de un Espanyol que ha ido a menos. Se ha convertido en un equipo vendedor. Que busca jugadores baratitos para ver si luego los puede vender. Claro, nunca llegará a formar un equipo que pueda competir con un Barcelona que tiene una cantera y un asentamiento fuerte en cuanto a la estructura. El Espanyol hace lo que puede, porque no hay otra cosa que hacer, pero no está mal tampoco.

¿Qué hay que hacer para que el Espanyol recupere el prestigio que tenía en su época?
Dejar de usar la frase que usamos los espanyolistas que es que cuando termina la Liga y no hemos sido campeones, y nos hemos quedado un poco para abajo, decimos aquello de: “El año que viene lo seremos”. Es la frase que tenemos los espanyolistas para simular nuestra falta de calidad.

El domingo jugamos un derbi. Algún consejo para que los chicos de Sergio González den la campanada en el Camp Nou...
Pues que sepan que nosotros les habíamos ganado muy bien en el campo de Les Corts. Que salten al campo pensando que no es una misión imposible.

¿Se porta bien el club con los que fueron figuras míticas como usted o le parece que valoramos poco nuestra historia?
No es un problema del Espanyol sino de lo que produce el paso del tiempo. Yo soy un jugador que ya mi tiempo está muy lejano y lo que hace el Espanyol es tener detalles con los jugadores que todavía tienen un poco la aureola de exjugadores y que les recuerdan los que van al campo del Espanyol. A nosotros ya no nos conocen y tampoco somos carne viva para alimentar eso que el club quiere hacer.

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