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CRÓNICA REAL SOCIEDAD-ESPANYOL (3-2)

Regalar tanto acaba penalizando

Tras igualar 2-0 muy rápido, volvieron a fallar cuando mejor pintaba el partido

Jordi Luengo Jordi Luengo
14/01/2019

 

No hay manera. Otro mal inicio de partido, con dos goles en siete minutos, propició un nuevo desastre perico fuera de casa. Y si vas perdiendo tan pronto, con un marcador tan claro, es muy difícil puntuar. La Real, que empezó el partido siendo el peor conjunto local, se imponía a un Espanyol que es el segundo que menos ha puntuado a domicilio. En Donosti llegaron tarde al partido y los graves errores defensivos les impidieron mirar hacia arriba.

Inicio inexplicable
El partido no podía empezar peor para los pericos. El balón parado volvía a pasarle factura y la Real se adelantaba en el marcador. William José cabeceó al palo tras un córner y Mikel Merino aprovechó el rechace para inaugurar el marcador. Solo era el minuto tres y ya tocaba remar a contracorriente. Y la orilla empezó a verse mucho más lejos cuatro minutos después. El Espanyol estaba algo nervioso, mientras que la Real salió muy enchufada; en solo cinco minutos ya habían lanzado cuatro córners. Y en uno de ellos, el esférico golpeó en la mano de David López. Tras unos minutos de suspense, Del Cerro Grande, a instancias del VAR, señaló el punto de penalti y William José no desaprovechó el regalo. Pintaba muy mal.

El inicio de partido espanyolista –ayer de rojo- era difícil de explicar. Horroroso. No habían aprendido la lección y se repetía la historia del día del Girona. Cuando querían darse cuenta ya iban con una desventaja de dos goles y aún se habían asentado sobre el verde. Con el marcador muy cuesta arriba, el Espanyol intentó reaccionar ante un rival muy necesitado y que supo aprovechar los errores visitantes. A los de Rubi no les salía nada. Tenían un día nefasto con el esférico en los pies. Les costaba hacerse con el balón ante un rival que presionaba muy bien. La imagen distaba mucho a la de aquel equipo que sorprendió en el arranque liguero por su atrevimiento, frescura y descaro.

Naldo da esperanzas
Quedaba mucho partido y los blanquiazules empezaron a tranquilizarse. Y en su primer aviso todo empezó a cambiar. Se cumplía la media hora cuando Granero lanzó un córner al segundo palo y Naldo cabeceó al fondo de las redes. Pese a no estar finos, se metían en el partido. Estaban mejorando, pero les faltaban pequeños detalles para acabar de hacer daño y creérselo. Y en un golpe de suerte lograron el empate en el 45’. El esférico le llegó a Baptistao, que con todo a favor remató al larguero, pero Diego Llorente en el intento de despejar el balón lo introdujo en su portería. Tras un horrible inicio, el Espanyol se iba a los vestuarios muy reforzado moralmente. Estaba vivo.

Los de Rubi salieron con confianza tras el descanso y movían el balón con criterio. Sabían que se habían enganchado y que si apretaban podrían ganar. Dominaban el juego en el centro del campo y cada vez crecían más. Se les veía mejor, pero les faltaba estar más certeros arribas. Pero cuando mejor estaban volvieron a fallar en defensa. Una nueva indecisión costó muy cara. Mikel Merino metió un buen balón al corazón del área y, la defensa y Diego López dudaron. David dejó pasar el balón, Diego no salió y Rosales vio como William José le ganaba la posición para empujar al fondo de las mallas.

Sin reacción final
El gol hizo mucho daño y cambió el estado anímico, aunque aún quedaba tiempo para volver a enmendar un nuevo error. Rubi metió toda la pólvora que tenía, que tampoco es que fuera mucha, en busca de la igualada. Rosales avisaba con un disparo al lateral de la red y poco después la Real se quedaba con un jugador menos por la expulsión de Merino. Era el momento. Quedaba tiempo. A medida que se acercaba el final, el asedio perico era más intenso. La Real defendía como podía a la espera de una contra como la de Oyarzabal que sacó Diego López y que hubiera sido la sentencia. Pero el empate se resistía. Dídac y, sobre todo, Naldo en el descuento tuvieron el gol, pero sus remates se marcharon fuera y se consumó otra decepción a domicilio.

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