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ENTREVISTA A JOHN LAURIDSEN

“Que la afición se acuerde tanto de mí es algo muy grande”

En 1988 se fue del Espanyol, tras siete años, dejando una huella imborrable

Jordi Luengo Jordi Luengo
06/01/2018

 

Muchos espanyolistas no han tenido la suerte de poder ver en directo a John Lauridsen, pero todos saben quién es el gran danés. Pese a que dejó el club en verano de 1988, tras siete temporadas en la entidad, el centrocampista sigue siendo uno de los jugadores más queridos por la hinchada perica. No se le olvida. Con motivo de la visita a Málaga, donde John jugó tras dejar Sarrià, hemos querido entrevista a un futbolista que dejó huella y al que el Espanyol marcó para siempre. Con él hemos hablado de su etapa en el club, la histórica UEFA, su gol de cabeza ante el Inter, su salida de la entidad y su inolvidable regreso a Sarrià con el Málaga. Reconoce que son muchos los recuerdos positivos que guarda, pero que, sin duda, se queda “con el cariño que siempre me han tenido la afición”.

¿Cómo le va la vida a John Lauridsen?
Muy bien. Tranquilo en mi Dinamarca natal. Sigo trabajando en el mundo de los transportes.

¿Hace tiempo que no vienes por Barcelona?
Sí, bastante y espero poder hacer una escapada a principios de febrero. Siempre es un placer regresar a esta ciudad, que es mi segundo sitio preferido. Aquí viví unos años fantásticos.

¿Sigues siendo talismán cuando vas al RCDE Stadium?
Creo que no he visto perder al equipo en el nuevo campo. Me gustaría poder ir más, pero no es posible.

Cornellà es un gran campo, pero ¿qué recuerdos tienes cuando vienes y pasas por Sarrià?
Hace un par de años vine con mi hija mayor, Sandra, y estuvimos paseando por la zona donde antes estaba el campo y le expliqué todo lo que viví esa época. ¡Cómo ha cambiado ese sitio! Me emocioné recordando esos años que fueron fantásticos. Siempre es especial pasar por allí.

¿Y de la afición? Deberías jugar muy bien para que te quieran tanto...
(Risas) Todos jugábamos muy bien en ese equipo. Cuando llegué en el 81 se iniciaba una etapa con jóvenes como Miguel Ángel, ‘Tintín’ Márquez, Edu Mauri, Diego Orejuela… Se formó un gran bloque que a finales del los 80 casi ganó la UEFA y logramos un tercer puesto en la liga, algo muy difícil para un equipo como el Espanyol. La afición se acuerda mucho de esos años que fueron muy importantes para el club. En esos tiempos había mucho respeto entre la afición y el equipo. Los jugadores hicimos un gran trabajo para que esta relación fuera muy positiva: íbamos a peñas, hablábamos en las concentraciones… Cuando no jugábamos bien también nos pitaban, algo lógico, pero siempre estaban a nuestro lado como en el regreso de Leverkusen, cuando tuvimos un recibimiento inolvidable.

Llegaste siendo casi un aficionado al fútbol y te fuiste como un ídolo. ¿Te sorprende que te sigan guardando tanto cariño después de tantos años?
Más que sorprenderme me alegra mucho que se acuerden tanto de mí. Siempre defendí unos objetivos muy concretos: jugar bien y portarse bien. Y si haces esto tienes mucho ganado para tener el cariño de la afición.

Otro de los que se ganó ese reconocimiento de la grada es N’Kono, con el que formaste la mejor pareja de extranjeros de la historia del Espanyol. ¿Sigues teniendo relación con él?
Sí, claro. Estamos en contacto. Hace poco me llamó para comunicarme el fallecimiento de Juanjo. Con él pasé seis años fantásticos en el aspecto humano. Éramos como hermanos, siempre compartíamos habitación, y nunca discutimos. Sigo diciendo que para mí siempre será el mejor portero del mundo. Es alguien muy especial para mí.

¿Qué sientes al ver que sigue en el club?
Una gran alegría, al igual que ver a Eloy en la ciudad deportiva o cuando estuvieron ‘Tintín’ Márquez, Ernesto Valverde, Edu Mauri… En esa época estábamos muy unidos y te alegras de que les vayan bien las cosas.

Al verlos, ¿no tienes el gusanillo de haber podido seguir vinculado al club?
No, opté por dejar el fútbol porque necesitaba descanso, un poco de aire fresco. El fútbol había sido muy importante para mí durante los nueve años que estuve en España y necesitaba un respiro. Opté por entrenar a chavales para devolver al fútbol todo lo que me había dado. Cuando les veo pienso que, quizás, también hubiera podido estar ahí, aunque estoy bien así.

¿Sigues jugando con los Veteranos del club?
Sí, cuando vengo a Barcelona, pero cada vez es más complicado. El año que viene ya cumpliré 60 años, y cada vez se nota más la edad, pero voy a intentar seguir jugando.

Pese a la edad, la clase no se pierde, ¿no?
No sé yo, lo que te aseguro es que el campo cada vez es más grande (risas).

¿Sabes que N’Kono y tú estuvisteis entre los tres futbolistas más solicitados, junto con Tamudo, en las votaciones para poner los nombres de las puertas de Cornellà?
Sí. Es algo fantástico, me alegró muchísimo y me sentí muy orgulloso de ello. Te voy a contar una anécdota.

Dime, dime...
Hubo un chico que me había votado y le dije que cómo era posible porque no me había visto jugar, y me explicó que su padre le había hablado de mí y le dijo que era un grande. Es un detalle muy importante para nosotros que la gente nos recuerde.

El pasado diciembre se cumplieron 36 años de tu fichaje y los sentimientos perduran. ¿Te cambió un poco la vida el Espanyol?
Me la cambió mucho. Llegué con mi mujer en 1981 y fueron años muy importantes no solo en el aspecto deportivo, sino en la vida, ya que experimentamos muchas sensaciones. Nos adaptamos perfectamente a la ciudad y aún conservamos amigos en Barcelona. En Dinamarca aún hay gente que cuando tiene que venir a Barcelona me pregunta a qué sitios puede ir. Seguramente aquí viví la mejor experiencia de mi vida.

Ipswich Town y Sevilla se interesaron por tí, una tormenta impidió que te desplazaras hasta Inglaterra para firmar y el Espanyol te llamó para hacer una prueba, ¿no?
Es cierto todo esto, y estoy muy contento de cómo me salieron las cosas y la decisión que tomé. A diferencia de ahora, que hay muchos vídeos, internet y tienes mucha información sobre cualquier jugador, el Espanyol me llamó para probar en un entrenamiento. Fíjate que cuando llegué pocos sabían que había jugado dos partidos con la selección danesa. Mi sueño de jugar en Europa como profesional dependía de lo que hiciera en una hora de fútbol.

Convences y te conviertes en uno de los ídolos. ¿Cuál es el mejor recuerdo que guardas de esos años?
Sería imposible quedarme con solo uno, ya que tengo muchos. Seguramente elegiría los compañeros que tuve, con los que sigo teniendo contacto, y el recibimiento de la gente cada vez que vengo. Por ejemplo, en mi última visita fui a la Peña de Masquefa y comprobé cómo me siguen queriendo los pericos, y estos detalles son difíciles de olvidar. Que la gente se acuerde tanto de mí es algo muy grande. Cuando vengo a Barcelona con mis equipos de fútbol base, el Espanyol siempre me ha ayudado mucho, me han abierto todas las puertas y eso significa mucho para mí.

Y entre los recuerdos sobre el césped debe estar tu gol y victoria en el Camp Nou, ¿no?
Claro que sí. Estas cosas se recuerdan mucho más en un club no tan grande. Ese día fue como el último paso para confirmar que sabía jugar bien al fútbol (risas). Algunos no sabían quién era y ese día me gané más respeto. A partir de ese momento me dieron más confianza.

¿Lo peor fue el ir perdiendo protagonismo en tu segundo año con Javier Clemente?
Se ha hablado mucho de ese tema, pero por encima de todo estaba el equipo. Cada vez que el hacía sus famosas rotaciones, los jugadores pensábamos más en el grupo que en un plano individual. Todos nos respetábamos mucho. A la hora de renovar, estas cosas me hicieron ver que no me querían tanto. Lo que más pena me dio fue tenerme que ir de un equipo fantástico tanto en el aspecto deportivo como en el humano.

¿Fue duro dejar el club?
Sí, claro. Mucho. En el Espanyol estaba muy bien. También me dio pena por los compañeros que se quedaron y al año siguiente bajaron a Segunda. Sin duda fue complicado para los que siguieron, ya que nos fuimos muchos jugadores.

Pese a todo esto, nunca perdiste la sonrisa…
No, porque yo me sentía muy útil, ya que cuando jugaba siempre rendía al máximo. No tenía ninguna razón para no estar contento. No hubo ningún problema, lo único que pasó es que durante el segundo año con Clemente no me sentía tan importante y cuando sucede esto es mejor buscar otros caminos.

Tras los dos años en Málaga, vuelves a jugar en el Esberg, el club desde el que llegaste al Espanyol, y con 31 años cuelgas las botas. ¿Por qué te retiraste tan pronto?
Acabé un poco cansado, necesitaba un respiro y cambio de aires. No me retiré del todo, sino que disfruté unos años del fútbol amateur. Necesitaba volver a un fútbol en el que no hubiera que entrenar todos los días.

En el Espanyol viviste momentos de todo, ¿crees que con la llegada de Chen es el momento de crecer definitivamente?
Somos un club a tener en cuenta, ya que siempre hemos estado ahí. Los objetivos ambiciosos no se logran de un día a otro, y por eso hay que tener paciencia para pronto estar más arriba. El camino está abierto, tenemos un campo fantástico, un fútbol base funcionando muy bien y esto es importante para, en el futuro, estar peleando por posiciones más altas en la tabla. Hay que seguir trabajando para estar más arriba en la clasificación.

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